
Reacomodamientos que hablan: Sáenz suma críticas y ex aliadas al gabinete
Política02/01/2026 Año nuevo, nuevas funcionarias



La reciente designación de Alba Quintar al frente de la Coordinación Interministerial del Tratamiento y la Prevención de las Adicciones y la asunción de Julieta Valencia Donat como subsecretaria de Mujeres y Diversidad no son hechos aislados. Leídas en clave política, ambas incorporaciones revelan una estrategia clara del gobernador Gustavo Sáenz: ensanchar su base de gobernabilidad incorporando perfiles que, hasta hace poco, orbitaban fuera —o incluso en contra— del esquema oficial.
El caso de Alba Quintar resulta particularmente significativo. En las últimas elecciones provinciales fue candidata por el partido liberal que acompañó electoralmente a Sáenz, una fuerza que se presentó como expresión de renovación y que buscó capitalizar el clima de época marcado por discursos de ajuste, orden y “eficiencia” del Estado.
Su desembarco en un área sensible como la prevención de adicciones —que articula políticas de Salud, Educación, Seguridad y Desarrollo Social— no sólo implica un reconocimiento político, sino también la integración plena de ese espacio liberal al dispositivo de gestión provincial. No es menor: se trata de una de las problemáticas sociales más complejas del territorio salteño, con fuerte impacto en juventudes, barrios populares y economías familiares deterioradas.
La designación refuerza la idea de un oficialismo que absorbe aliados electorales y los transforma en funcionarios, diluyendo fronteras partidarias en favor de la gobernabilidad.
Julieta Valencia Donat: de la crítica al Estado, al Estado mismo
Distinto —pero igual de elocuente— es el recorrido de Julieta Valencia Donat, quien asumió en la Subsecretaría de Mujeres y Diversidad. Durante años, Valencia Donat fue una de las voces más críticas del gobierno de Sáenz, especialmente en materia de políticas de género, diversidad y derechos humanos, cuestionando la insuficiencia de recursos, la falta de transversalidad y la distancia entre los discursos y la realidad.
Su incorporación al Ejecutivo provincial marca un giro político de alto impacto simbólico: una crítica externa pasa a ocupar un rol de responsabilidad directa dentro del Estado que cuestionaba. El movimiento puede leerse en dos direcciones: como una apuesta del gobierno a sumar legitimidad y capacidad técnica en un área atravesada por demandas sociales urgentes, o como un intento de neutralizar voces incómodas integrándolas a la estructura oficial.
Un gabinete que se ensancha, un mensaje político claro
Ambas asunciones trazan una línea común: Sáenz consolida un esquema de poder flexible, pragmático y transversal, donde las identidades partidarias pierden peso frente a la necesidad de sostener gobernabilidad en un contexto económico y social adverso.
No se trata sólo de nombres propios. El mensaje político es claro: el oficialismo provincial absorbe aliados electorales, incorpora antiguas críticas y reconfigura su gabinete como un espacio de contención política, aun a costa de tensiones internas y contradicciones discursivas.
¿Estas incorporaciones fortalecerán las políticas públicas que encabezan o funcionarán, principalmente, como movimientos de ajedrez para ordenar el tablero político salteño? El tiempo tendrá la última palabra.


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