Milei aseguró haber cumplido todas sus promesas y abrió el debate sobre su balance de gestión

General01/01/2026 Año nuevo
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Al cerrar lo que definió como “los dos primeros años de gestión”, el presidente Javier Milei afirmó públicamente haber cumplido “todas” sus promesas de campaña. El mensaje, cargado de épica y autocelebración, buscó consolidar un relato de éxito en un contexto social y económico todavía marcado por fuertes tensiones.

“Hemos cumplido con todas nuestras promesas de campaña”, sostuvo el mandatario, y enumeró una serie de logros que, según su visión, marcan un punto de inflexión en la historia reciente del país: baja de la inflación, reducción de la inseguridad, salida de más de catorce millones de argentinos de la pobreza y el inicio de una etapa de crecimiento económico.

El discurso no fue casual. Milei eligió cerrar el año con un balance político que funciona tanto como rendición de cuentas ante su electorado como plataforma anticipada hacia el 2026, al que definió como “el inicio de este camino que hará grande a la Argentina nuevamente”, retomando una consigna de fuerte impronta simbólica.

Sin embargo, las afirmaciones presidenciales abren un debate inevitable: ¿cuánto hay de datos verificables y cuánto de construcción discursiva en el balance que presentó el jefe de Estado?

En materia inflacionaria, el Gobierno destaca una desaceleración sostenida respecto a los picos heredados, aunque el impacto del ajuste sobre salarios, jubilaciones y consumo sigue siendo motivo de controversia. La baja de la inflación convive con una fuerte licuación del poder adquisitivo, especialmente en los sectores medios y bajos, lo que relativiza el alcance social del logro que el Presidente exhibe como central.

Respecto a la pobreza, Milei afirmó que “más del treinta por ciento de los argentinos” dejó de estar en esa condición, cifra que equivale —según sus propias palabras— a catorce millones de personas. El dato, por su magnitud, genera interrogantes incluso entre economistas afines al oficialismo, ya que no ha sido respaldado aún por estadísticas oficiales consolidadas que acompañen semejante reducción en tan corto plazo.

En el plano de la seguridad, el Presidente sostuvo que el país “está terminando con la inseguridad”, una afirmación que choca con realidades dispares según las provincias y que depende, en gran medida, de indicadores aún parciales y de políticas cuya implementación varía de un territorio a otro.

Una promesa que retumbó en campaña fue la de dolarizar la economía argentina, algo que no solo no sucedió sino que el mismo Milei afirmó en una entrevista que jamás realizó esa promesa, aunque los videos de archivo demuestran lo contrario dejándolo expuesto como mentiroso. Lo mismo ocurrió con el cierre del Banco Central.

Más allá de la discusión técnica, el mensaje de Milei cumple una función política clara: reafirmar la identidad de un gobierno que se presenta como disruptivo, exitoso y fiel a su palabra, aun cuando los efectos sociales del ajuste siguen generando resistencia y protestas en amplios sectores de la sociedad.

El cierre con un saludo de fin de año y la convocatoria a “ir por un 2026” refuerzan esa lógica. No se trató solo de un balance, sino de una pieza de construcción narrativa: la de un Presidente que busca consolidar su base política sosteniendo que el sacrificio actual es parte de un camino inevitable hacia un futuro mejor.

En ese cruce entre promesas cumplidas, estadísticas en disputa y realidades cotidianas, se juega hoy uno de los principales debates de la Argentina de Milei: si el relato del éxito logra imponerse antes de que los resultados se traduzcan de manera tangible en la vida diaria de la mayoría de los argentinos.

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