

El dibujo del INDEC y la estafa del "alivio" | La pobreza real en Salta araña el 50% en el interior
Política01/04/2026 Pobreza y desigualdad
Mientras el Gobierno celebra una baja estadística con datos viejos, el ajuste despedaza a la clase media y sumerge a la provincia en una desigualdad territorial salvaje. El "piso" de la crisis ya pasó y el 2026 asoma con más despidos.
La última publicación del INDEC, que pretende mostrar una "mejora" en los niveles de pobreza en Argentina, no es más que una foto movida y fuera de tiempo que el poder político intenta vender como un éxito de gestión.
El economista Jorge Paz fue contundente al desarmar el relato: el dato del 28,2% corresponde al segundo semestre de 2025. Es decir, estamos mirando el espejo retrovisor mientras el motor del país funde bielas en el presente. Lo que el Gobierno calla es que ese número "optimista" se construyó sobre el cadáver de la clase media y un asistencialismo de subsistencia que solo sirve para que los indicadores de indigencia no exploten en la cara de los organismos internacionales.


El análisis de Paz deja al descubierto la perversidad del modelo: el ajuste más feroz cayó sobre los hombros de los trabajadores, el comercio y la construcción, sectores que vieron sus salarios pulverizados mientras el gran empresariado —los verdaderos beneficiados de este esquema— goza de rentabilidades récord y beneficios fiscales.
El Gobierno ha decidido sostener los niveles mínimos de consumo mediante la AUH y tarjetas alimentarias para evitar un estallido, pero a costa de aniquilar la movilidad social ascendente. Hoy, ser "pobre" según el INDEC requiere ganar menos de una canasta básica de 500 mil pesos por persona, un criterio ridículamente bajo que oculta el deterioro real de la calidad de vida de los argentinos.
Para Salta, la realidad es todavía más cruel que el promedio nacional. El 28% que se difunde es un espejismo que solo aplica a la Capital; cuando se cruza la frontera de la ciudad, la máscara se cae: la pobreza provincial trepa al 37% y, en el interior profundo, llega a un escalofriante 46%. Esta desigualdad territorial evidencia que el "derrame" minero o agroexportador es una fábula que no llega a las mesas de los salteños. Mientras las grandes empresas extraen riqueza con tasas impositivas de privilegio, casi la mitad de los habitantes del interior provincial no cubren sus necesidades básicas.
Lo que viene es aún más oscuro. El economista advirtió que la pobreza ya tocó su piso y que la ola de despidos, el aumento del desempleo y la informalidad galopante empujarán los números hacia arriba en este 2026. El esquema de "beneficencia" para los sectores más vulnerables ya no alcanza para tapar el sol con las manos cuando el aparato productivo está paralizado. Mientras el Gobierno y sus socios corporativos brindan por el equilibrio fiscal, el pueblo salteño enfrenta un año donde la brecha entre los que tienen todo y los que no tienen nada se vuelve un abismo insalvable.



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