Ni 'nublado' ni accidente: la fiscalía confirmó que Figueroa quiso matar a Mercedes

Judiciales03/04/2026 Femicidio en el country

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Empezó el juicio por el crimen que conmocionó a El Tipal. El imputado intentó victimizarse con un video donde alega que "se nubló", pero las pruebas forenses revelan una asfixia mecánica prolongada y un ensañamiento atroz.

A casi tres años del asesinato de Mercedes Kvedaras, la Sala de Grandes Juicios de Salta fue escenario de un comienzo de debate marcado por el contraste entre el relato de impunidad del agresor y la cruda realidad de los peritajes. José Eduardo “Jota” Figueroa, único acusado, optó por el silencio presencial pero introdujo un video grabado en 2023 donde, entre llantos, ensayó la clásica narrativa machista: culpar a la víctima, hablar de "infidelidades" y alegar un "nublamiento" momentáneo. Sin embargo, la fiscalía fue tajante al desarmar esta estrategia: no hubo un accidente en una bañera, hubo una voluntad deliberada de anular la vida de Mercedes.

El relato de Figueroa, cargado de estereotipos de género, intentó presentar el femicidio como el desenlace de una "discusión" donde él perdió el control. Pero los cuerpos hablan cuando las víctimas ya no pueden hacerlo. El informe forense es una pieza de horror que anula cualquier intento de defensa: Mercedes presentaba más de 40 lesiones. El ataque no fue un "forcejeo"; fue una reducción técnica y violenta, coronada por una asfixia mecánica manual sostenida en el tiempo. Bajo las uñas de Mercedes quedó el ADN de su asesino, la prueba final de que ella luchó por su vida hasta el último segundo contra quien decía amarla.

La fiscalía reconstruyó una dinámica de poder donde Figueroa veía a Mercedes como un objeto de su propiedad. El hostigamiento y la celotipia que el acusado intentó disfrazar de "angustia" son, en realidad, las herramientas de control que anteceden al femicidio cuando la mujer decide romper el vínculo. La teoría del "arrebato" se cae por su propio peso al observar la logística posterior: Figueroa cargó el cuerpo de Mercedes en su camioneta, lo cubrió con toallones y se trasladó a un baldío para intentar un montaje de suicidio que no fue más que el último acto de cobardía de quien se sabe culpable.

Un juicio contra la cultura del descarte

Este proceso, que se extenderá hasta el 4 de mayo con más de 80 testigos, no solo juzga a un hombre, sino a una cultura que sigue buscando atenuantes en la conducta de las mujeres para justificar la violencia de los varones. Mercedes Kvedaras era docente universitaria, madre y una ciudadana con derecho a decidir sobre su propia vida. Su muerte es el recordatorio más brutal de que la casa, y los barrios cerrados —muchas veces vistos como burbujas de seguridad—, son los lugares de mayor peligro para las mujeres cuando conviven con un agresor.

Desde las organizaciones de derechos humanos y colectivos feministas se sigue el juicio con una exigencia clara: prisión perpetua. No hay "emoción" que valga ante la presión de unas manos que quitan el aire hasta dar muerte. Salta espera que la justicia esté a la altura y que el fallo no solo castigue a Figueroa, sino que envíe un mensaje contundente contra la impunidad biológica y social de los femicidas.

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