Crisis energética global: guía mileista para perder oportunidades de crecimiento

Política20/03/2026 Escribe Franco David Hessling Herrera*

¿Cómo afecta el shock económico en materia energética a Salta? Pasemos en limpio la coyuntura que produce la pregunta.

Primer acto: un presidente con la imperiosa necesidad de un golpe de efecto nacionalista para distraer los efectos de su corrupción, arrogancia y hasta de ciertos crímenes sexuales. Podría ser Donald Trump o Benjamín Netanyahu, usted elija. Segundo acto: Estados Unidos e Israel asedian a Irán para reconfigurar la balanza de poder en Medio Oriente y enviar un mensaje al mundo no alineado con el occidentalismo radicalizado, lo que incluye a la Europa continental, a las islas británicas y a las potencias del este (China y Rusia). Tercer acto: no contaban con la astucia de Irán que, a sabiendas de su inferioridad para una batalla frontal desplegó una estrategia de desgaste y dispersión de los teatros de operación de la guerra (diversos ataques en lugares diferentes) con el objetivo evidente de afectar la economía mundial a través de las disputas por los hidrocarburos. Y, desde entonces, el precio de los dos principales commodities de ese ámbito, el petróleo y el gas, se ha disparado. 

El petróleo y el gas son energías primarias de las que se derivan varias otras, que van desde la electricidad y el gas natural hasta los combustibles líquidos para los motores de vehículos a combustión interna. Es decir, son, junto al carbón, los principales fósiles con los que se ha sostenido el incremento constante en la producción y consumo de energía a nivel mundial, cuanto menos desde la primera revolución industrial en adelante. 

Desde que se había instalado un debate profundo sobre los efectos de la aceleración de esa producción y consumo siempre en alza, se apostó a nivel mundial por abrir senderos dirigidos a una transición energética hacia fuentes renovables -eólica y solar, por ejemplo- y no convencionales -nuclear- que diversifiquen la matriz energética. Es decir, que no toda la energía dependa de los combustibles fósiles.

Si esos debates sobre transición energética hubiesen sido algo más que un giro discursivo y declamatorio, a estas alturas que subiera el precio del petróleo y del gas sería un efecto apenas anecdótico. Pero no, ese incremento es un caos económico de escalas mundiales. Por eso, resuenan las palabras que repitió Trump en su última campaña y que ratificó a poco de asumir: “Drill, baby, drill”. Es decir, una arenga a perforar la tierra para reactivar e impulsar la generación de energía a través de los hidrocarburos. ¿Una guerra para revalorizar los hidrocarburos, entonces, podría haber sido un efecto esperado y hasta buscado por el magnate yanqui? Si se tiene en cuenta que el movimiento previo fue cazar al presidente venezolano y poner como condición rediscutir su petróleo, esa pregunta se vuelve retórica.

En fin, su confesión de parte en campaña venía ya luego de que el mundo hubiese asumido que ni la transición energética venía siendo suficiente, ni la dependencia de los combustibles fósiles podía ser fácilmente superada, hubiera en ello buenas o solapadas intenciones. El conflicto ruso-ucraniano iniciado en febrero de 2022, que conllevó sanciones al gas de Rusia, acarreó que se volvieran a realizar suntuosas inversiones en refinerías y exploraciones petroleras, que se habilitaran más instalaciones off-shore -en plataformas marítimas- y que se dejaran de lado en las decisiones gubernamentales las objeciones ambientales a la técnica de la fractura hidráulica.

Ni siquiera en China, donde las inversiones y desarrollos en energías renovables son ostensibles, se pudo obviar la necesidad de sostener una matriz energética apalancada principalmente por combustibles fósiles. La movilidad eléctrica tampoco se desarrolló como se esperaba y, en parte por esa razón, el precio internacional del litio ha tenido caídas abruptas desde entonces. Ocurre que la producción incesantemente ascendente y el consumo igualmente descocado de un modelo social que considera como más óptima la capacidad para producir y consumir cada vez más y más, se torna insostenible con energías renovables y no convencionales -además, insuficientemente exploradas y explotadas-. 

Así las cosas, en materia geo-económica, siguiendo la famosa definición sobre lo económico que ofrece Lord Robbins: el petróleo y el gas están en uno de sus mejores momentos en tanto que mercancías. El británico define a la economía como el campo que estudia la asignación de recursos limitados a ciertos fines, guiados por necesidades ilimitadas. Entonces, de acuerdo con Robbins, la escasez de satisfactores explica los juegos del mercado mejor que nada. A menor petróleo disponible con una demanda de energía siempre ascendente, mayor precio para domesticar la demanda.

Ahora bien, vayamos al plano local, de lo nacional a lo provincial, considerando esa perspectiva de la economía. La tribuna arenga “Vaca Muerta, Vaca Muerta, Vaca Muerta”. Y puede que haya algo de razón en ese entusiasmo, pero hay un obstáculo para el pleno desarrollo de esa oportunidad inmejorable para nuestra cuenca neuquina. Ocurre que Trump acercó posiciones con Putín, el premier ruso, y ha optado por obliterar las sanciones al gas proveniente de allí para atemperar la estrategia iraní. Puede que la suba de los precios para un re-ajuste no disguste, en principio, ni a Trump y ni a sus aliados, pero una suba sostenida con desabastecimiento e inflación mayorista y minorista en el mundo entero sí sería pasmoso y por eso intenta evitarlo. 

No sin ingenuidad y dogmatismo, como enseña nuestro presidente Milei, dejemos ese escollo de lado y consideremos un escenario en que la cuenca neuquina es igualmente aprovechada por la flamante demanda de hidrocarburos en zonas menos explotadas hasta ahora que el territorio iraní y las otras plazas orientales. ¿Estados Unidos está dispuesto a pagarle a la Argentina de los Milei-Caputo-Sturzenegger por el precio internacional en plena alza? O en términos todavía más categóricos y realistas al respecto del cipayismo con el que el presidente y su team hipotecaron e hipotecan nuestro futuro: ¿Tiene margen de maniobra y voluntad el gobierno argentino para imponerle precios a Estados Unidos luego de que fue rescatado financiera y electoralmente por éste? Claramente, no.

Entonces, lo que en principio podría verse como una gran oportunidad -contar con Vaca Muerta en un escenario de alza del precio de los hidrocarburos y de anulación de los grandes circuitos comerciales de esos commodities-, se desaprovechará porque el programa de Javier Gerardo Milei, un economista, es menos económico que ideológico. El economista siempre estuvo embobado por su sobregiro ideológico occidentalista, sionista y ultra-liberal libertario. La oportunidad con Vaca Muerta se convertirá, en cambio, en una amenaza porque los aliados a Milei -Estados Unidos e Israel- reclamarán que las mercancías se provean a precios magros, mientras que los enemigos, como el propio Irán, verán en Argentina -ya ven- un blanco para descargar su guerra de desgaste antes mencionada.

Salta puede no verse demasiado afectada por esto. Pero eso no es bueno, al contrario, es una demostración de cuánto daño hizo en la provincia la vocación entreguista del gobernador Gustavo Ruberto Sáenz ahora mismo, y antes el programa neoliberal que precedió esta salvajada de Milei: los años 90 del menemismo. En aquel entonces se privatizó YPF, se reformó el marco legal minero y se configuró un escenario de desinversión tan espantoso que el norte provincial quedó a la deriva. Poblaciones como Mosconi o Vespucio pasaron de proyectarse como ciudades prósperas o convertirse en tierra arrasada del modelo extractivo, en aquello que queda cuando el interés del capital vira hacia otros lugares. Y, desde ahí en adelante, marasmo.

Desde aquel entonces, no hubo planificación energética de ninguna clase. No hay perspectiva de autoabastecimiento y soberanía energética, ni tampoco hay fomento real experiencias comunitarias o de generación distribuida, que darían a la población salteña otro aire. Eso, en parte, explica por qué estando parados sobre reservas de hidrocarburos pagamos tarifas enormemente mayores a las que se abonan en las llanuras pampeanas, donde sólo sobra carne vacuna. Mucho menos se ha planificado para proyectar una economía provincial apta para aprovechar una situación coyuntural como la que se da actualmente en el mundo con respecto a la energía.

En resumidas cuentas, las y los salteños asistimos a este pliego histórico con la misma vulnerabilidad que cualquier otro lugar del mundo que no tenga un ápice de riqueza natural. La paradoja es que Salta sí la tiene pero o no es suya porque la ha vendido o concesionado, o no la ha preparado con exploraciones previas para ofrecerla al mundo como mercancía sucedánea del petróleo iraní. Sufriremos la inflación global -que se sumará a la vernácula que el gobierno no ha podido contener en ya más de dos años-, la suba de combustibles líquidos y de servicios básicos de energía, y el shock económico mundial recesivo. Es que, ni Ruberto Sáenz ni sus predecesores han proyectado músculo económico para desarrollar por su cuenta políticas anticíclicas que contrarresten fenómenos globales a la baja. El eterno y paradojal problema de sembrar caña -de que los privados y extranjeros siembren caña en nuestra tierra- para luego comprar caramelos a precios internacionales.    

*Doctor en Ciencias en el Área de Energías Renovables por la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Salta. Becario del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Energía No Convencional (INENCO). Director del proyecto de investigación “Ética ambiental, periodismo y transición energética justa y popular: derecho a la energía en la segmentación tarifaria de la energía eléctrica y en la obtención de carbonato de litio en Argentina”, subsidiado por el CIUNSa. Docente universitario y periodista. 

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