Orán: Culmina el juicio por el crimen de Pablo Almaraz, el decapitado de Pichanal

Judiciales01/07/2026 Por Melina Sola

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Los acusados del brutal asesinato son dos pares de hermanos, criadores de vacas y caballos de carrera. Uno de ellos permanece prófugo. El móvil habría sido el robo de ganado, aunque tiene todo el aspecto de ser un crimen narco. 

El debate oral y público arrancó el 4 de marzo y probablemente culmine este jueves con el veredicto de los jueces de la Sala I del Tribunal de Orán, Norma Roxana Palomo, Mario Maldonado y Héctor Fabián Fayos por el crimen del puestero rural Pablo “Quino” Almaráz, quien fue decapitado la madrugada del 1 de octubre de 2022 en cercanías del lugar donde se erige el Santuario de los Beatos Mártires del Zenta, que recuerda una masacre ocurrida en 1682 contra un grupo de católicos.

La cabeza de Almaraz nunca apareció, se la cortaron aún estando con vida. El cuerpo maniatado fue hallado la mañana siguiente en la finca Franzini, cerca de la ruta 34 entre Pichanal y Colonia Santa Rosa. La escena es de película narco y los testimonios en el juicio también lo fueron: algunos no querían hablar o se desdijeron de declaraciones previas; otro directamente desapareció antes del juicio; una mujer contó que hombres bolivianos la amenazaron para acusar a los Salvatierra y que meses después la violaron para que se callara.

Por el brutal crimen son juzgados los hermanos Víctor y Gonzalo Salvatierra y el expolicía y criador de caballos Raúl “Rudy” o “Pelao” Torres, mientras que el hermano de este último, Ramiro “Chara” Torres permanece prófugo de la justicia. La fiscal Soledad Filtrín y la querella, representada por el abogado Adrián Sureda Domínguez, pidieron penas de prisión perpetua para los tres y remarcaron que el asesinato fue motivado por el robo de cabezas de ganado. Como prueba tienen declaraciones iniciales, ante fiscalía. Otros testigos contaron que un mes antes los acusados habían agredido a otro supuesto ladrón. Además cambiaron sus líneas y sus aparatos celulares luego del 1 de octubre.

Los imputados se dedican a la cría de vacas y al cuidado y preparación de caballos de carrera, uno de ellos trabajó en el frigorífico Bermejo junto con el padre, ya jubilado. Todos saben usar el cuchillo y el lazo. En tanto la víctima -que también se dedicaba al pastoreo de animales- tenía sus manos atadas con un nudo ganadero y en esa soga los peritos dicen haber hallado olor de los hermanos Salvatierra.  

Un mes antes de que apareciera el cuerpo decapitado, los Salvatierra y uno de los Torres habían golpeado a otro presunto ladrón de vacas (PV), vecino de Almaraz del barrio 9 de julio de la ciudad de Orán. Lo habrían encontrado con las manos en la masa, lo golpearon, le quebraron la nariz y mientras chorreaba sangre uno de ellos, Gonzalo, le sacó una foto y se la mandó por WhatsApp a la esposa. “Cortale los dedos”, le contestó ella. Los hermanos Salvatierra se quedaron con una escopeta y denunciaron este robo en la policía. El agredido nunca denunció lo sucedido.

Los abogados defensores de los tres detenidos, Atilio Torres y David Leiva, aseguran que son inocentes, remarcan que no tienen prontuario delictivo y aseguran que la fiscalía no investigó la línea narco, actividad a la que presuntamente se dedicaban la víctima y sus familiares. Recordemos que en la zona donde vivió y murió Quino Almaraz pasa una de las principales rutas del narcotráfico, negocio que no deja de crecer en el norte argentino al igual que los homicidios. La cocaína multiplica su precio a medida que se aleja de la frontera boliviana y se acerca a los puertos del centro del país. Sobra mano de obra, por eso los decomisos son frecuentes y las cantidades encontradas, enormes.

Sobre la investigación del crimen, el defensor de los Salvatierra, Walter Atilio Torres, afirmó que está “totalmente viciada” y que la fiscalía tenía líneas muy importantes que no siguió. A su criterio, “lo decapitaron precisamente como un ajuste de cuentas para transmitir un mensaje a otros empleados o traficantes respecto a las consecuencias de una apropiación de estupefacientes. En las comunicaciones telefónicas entre mismos familiares, está claro que había conocimiento de eso. Se hablaba de 200 kilogramos de cocaína que el hombre tenía que mover y aparentemente se quedó con 100 kilogramos, y esa diferencia fue lo que le cobraron”.

En esa línea fue la declaración de la madre de un niño que al momento de los hechos trabajaba limpiando corrales en la finca de los Salvatierra. El niño le contó lo que escuchó sobre el crimen, que “le pegaron con un palo en la cabeza y luego lo degollaron con un cuchillo sierra y otro carnicero”. La madre del menor dijo que en 2024 denunció en la comisaría de Pichanal que cuatro hombres que hablaban con tonada boliviana la amenazaron para que “hundiera” a los Salvatierra y a Torres un día que ella caminaba por la calle Jesucristo, en la misión Franciscana y le cruzaron un auto negro. 

En 2025, la misma mujer denunció ante la Fiscalía de Violencia Familiar y de Género de Orán que fue abusada sexualmente con acceso carnal y que las personas que la atacaron le dijeron: "Nosotros no veníamos a hacerle esto, veníamos a matarla”, “al momento del juicio final, vos te vas a quedar callada” y “vos no sabés con quien te metiste, somos el diablo”.

Líneas sin investigar

El defensor Atilio Torres aseguró que en el juicio se mencionó “sistemáticamente” a dos sicarios bolivianos y además que las comunicaciones telefónicas entre familiares de la víctima muestran que estaban vinculados al negocio de las drogas. “Uno es un famoso traficante que anda prófugo hace tiempo, otro estuvo preso por narcotráfico. Hay un miembro de la familia Almaraz que reside en Mendoza y hace 28 años vive de changas.

Mendoza es un punto neurálgico para el tráfico de drogas, ingresa desde Bolivia por Salta y va a Mendoza, y de ahí al resto de las provincias del Sur y a Chile. Ese hombre vino justamente para este asesinato y volvió. En las comunicaciones Jesús Almaraz dice que tomará venganza por esto que le pasó a su hermano”, agregó. 

El letrado también mencionó una tercera línea de investigación, que según dijo salió de los mismos familiares de la víctima: “hace 28 años Almaraz usaba arma, un revólver calibre 38, porque estaba amenazado por personas de Yrigoyen, que eran cuatreros y le robaban las vacas”.

La sentencia sería este jueves

Este miércoles iniciaron sus alegatos los abogados defensores pero debido a lo extenso de la jornada, se dispuso un cuarto intermedio hasta este jueves, para finalizar con las alegaciones y así pasar a deliberar. Se espera conocer el veredicto al finalizar la jornada.

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