

Olmedo, entre el “probemos trabajando” y el lujo de las carreras
01/04/2026 ¿Dueños de la moral?El bizarro político salteño que administra la franquicia de La Libertad Avanza en la provincia volvió a mostrarse en una de las competencias más caras y extremas del mundo, mientras el país se hunde entre pobreza, ajuste y escándalos políticos.
Alfredo "cepillo" Olmedo volvió a hacer lo que mejor sabe: montar una escena. Esta vez no fue en un set de televisión ni en una tribuna desde donde reparte sermones sobre el esfuerzo, la familia y la moral, sino en la Baja 1000, una de las carreras más duras, exclusivas y costosas del mundo del deporte motor. De hecho, sola la inscripción vale más de 4.000 dólares y participar en ella tiene un costo aproximado de 50.000 dólares, por ser internacional.
El dato político no es menor. Olmedo no es un excéntrico aislado: es el hombre que en Salta maneja la franquicia de La Libertad Avanza, el sello con el que Javier Milei construyó poder en todo el país. Desde ese lugar, el empresario salteño insiste con su conocido latiguillo, “probemos trabajando”, como si su biografía fuera la de un trabajador que se hizo de abajo a puro sudor, surgido únicamente del esfuerzo personal.


Pero la historia es bastante menos épica: buena parte del andamiaje patrimonial y empresarial que rodea a su figura tiene raíces en una trama de vínculos, beneficios y acuerdos tejidos entre su padre empresario y el Estado salteño. Es decir, bastante lejos del mercado puro que predican cuando necesitan adoctrinar a los de abajo.
Ahí aparece la gran contradicción de Olmedo, porque mientras se vende como custodio de la moral ajena, hace años que cultiva un perfil público atravesado por el espectáculo, la farándula deportiva y las noches porteñas. El mismo dirigente que se muestra severo con la vida de los demás, que señala conductas, que pontifica sobre valores y decencia, parece bastante más flexible cuando se trata de sus propios excesos, caprichos y placeres. La doble vara no es un accidente: es parte constitutiva de una forma de hacer política donde la moral funciona como herramienta de disciplinamiento para otros, nunca como límite para uno mismo.
De hecho, el perfil de "cepillo" es bien compatible con los libertarios nacionales como vemos por estas últimas semanas y meses, en donde los escándalos por corrupción salpican desde el jefe de Gabinete hasta el mismo Presidente pasando por la hermana del mismo: causa Libra, Andis y propiedades, sin olvidarnos de los vínculos de Espert con el narcotráfico.
Ante semejantes hechos, el referente libertario salteño elige el silencio. No hay indignación republicana, no hay pedidos de explicaciones, no hay transparencia militante. Tampoco la hay en la bancada libertaria salteña, cuyos legisladores nacionales exhiben una alarmante esterilidad: no sólo acompañan el ajuste, sino que además no muestran iniciativas concretas que beneficien a la provincia, mientras alimentan una narrativa de odio, superioridad moral y combate cultural que poco tiene que ver con la realidad cotidiana de los salteños.
En ese marco, Olmedo vuelve a representar algo más que una contradicción personal: encarna una forma de poder profundamente conservadora, hipócrita y clasista. Habla de trabajo, pero se mueve entre privilegios. Habla de mérito, pero su historia dialoga demasiado con las ventajas heredadas. Habla de moral, pero vive del show. Y habla de libertad, aunque el resultado concreto de su espacio sea más ajuste para las mayorías y más blindaje para los de siempre.


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