Final de la cacería: hallaron al femicida Daniel Serapio oculto en una cueva de la precordillera

Judiciales03/03/2026 Femicida prófugo

Femicida

Tras 11 días de una búsqueda que mantuvo en vilo a Salta y puso en duda la eficacia de los operativos cerro arriba, Daniel Orlando Serapio fue capturado. El hombre acusado de asesinar brutalmente a Natalia Cruz fue localizado en una cueva de la zona de la Estación Diego de Almagro, un sector de altísimo riesgo y difícil acceso. 

La imagen de su detención es el cierre de una etapa de angustia, pero abre un capítulo de exigencia judicial: Serapio ya fue imputado por femicidio y desobediencia judicial, pero se llamó al silencio ante la fiscalía. Serapio no estaba simplemente "perdido"; estaba oculto en una zona que conocía a la perfección.

Fueron dos investigadores de la Unidad de Investigación UGAP quienes, tras horas de ascenso a pie en plena noche, localizaron al prófugo. Según el reporte oficial, el acusado amenazó con autolesionarse para evitar la captura, una maniobra recurrente en agresores que buscan desviar la atención de sus crímenes. En el lugar se secuestró una mochila con objetos personales, lo que refuerza la teoría de la familia de la víctima: Serapio tuvo logística o ayuda para mantenerse en pie tanto tiempo.

La autopsia confirmó lo que el corazón de Amancio Vázquez ya sabía: Natalia fue víctima de una violencia feroz. Murió por asfixia mecánica y golpes, tras ser rescatada por sus propios familiares de una habitación cerrada bajo llave en su casa de Campo Quijano. Lo que vuelve este caso aún más escandaloso desde una perspectiva de derechos es que Serapio tenía tres hechos de desobediencia judicial previos. Es decir, el Estado sabía que el agresor no respetaba las órdenes de la Justicia, pero Natalia quedó desprotegida hasta el final.

Si bien el Secretario de Seguridad, Nicolás Avellaneda, destacó el despliegue de 60 efectivos, drones y canes de otras provincias, la sensación en la calle es de una alarmante tardanza. Se necesitó que un femicida se fugara a la precordillera para que las fuerzas de seguridad actuaran con firmeza, cuando la verdadera prevención debió ocurrir en el domicilio de la víctima. Hoy Serapio duerme en una celda, pero el sistema judicial salteño queda bajo la lupa por permitir que un hombre con semejantes antecedentes llegara al extremo de asesinar y huir como si el monte fuera su zona liberada.

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