Delcy Rodríguez baja el tono y propone cooperación a EE.UU. tras la advertencia de Trump

General05/01/2026 No pidió la liberación de Maduro
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En un movimiento que busca descomprimir la tensión bilateral, la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, difundió un mensaje en tono conciliador dirigido al gobierno de Donald Trump y a los Estados Unidos, en el que llamó a abrir una nueva etapa de cooperación entre ambos países.

“Extendemos la invitación al gobierno de los EE.UU. a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco de la legalidad internacional y que fortalezca una convivencia comunitaria duradera”, expresó Rodríguez a través de un comunicado difundido en la noche del domingo.

El mensaje no fue casual ni aislado. Se conoció pocas horas después de que Rodríguez encabezara su primer Consejo de Ministros como presidenta interina y en un contexto de fuerte presión política y diplomática por parte de Washington.

La advertencia de Trump y el trasfondo del gesto

Horas antes del pronunciamiento venezolano, Donald Trump había lanzado una amenaza directa contra Rodríguez, elevando el tono del conflicto. “Si no hace lo correcto, va a pagar un precio muy alto, probablemente más grande que Maduro”, afirmó el mandatario estadounidense, en una declaración que resonó como un mensaje de disciplinamiento político.

La referencia explícita a un “precio” a pagar volvió a poner en escena la lógica histórica de presión y advertencias que Estados Unidos ha utilizado frente a gobiernos latinoamericanos que considera adversos, especialmente en el caso venezolano.

En ese marco, el gesto de Rodríguez aparece como una señal política calculada: no implica una claudicación discursiva, pero sí un intento de correrse del terreno de la confrontación directa y abrir una vía de diálogo bajo reglas explícitas, como la legalidad internacional y el respeto mutuo.

Un mensaje hacia afuera y hacia adentro

El llamado a la cooperación cumple una doble función. Hacia el plano internacional, busca mostrar a Venezuela como un actor dispuesto al diálogo y a la convivencia institucional, incluso frente a un liderazgo estadounidense que ha demostrado escasa predisposición a la negociación.

Hacia el plano interno, el mensaje también opera como una señal de estabilidad política, en un momento clave de transición y reorganización del poder ejecutivo tras el cambio de conducción.

Lejos de responder a la amenaza con un discurso de escalada, Rodríguez optó por una estrategia discursiva que traslada la responsabilidad del próximo movimiento a Washington: la invitación está hecha, ahora la respuesta quedará del lado de Estados Unidos.

Un escenario abierto

La distancia entre el tono de Trump y el mensaje de Rodríguez evidencia que la relación bilateral sigue atravesada por profundas tensiones estructurales. Sin embargo, el gesto venezolano introduce una variable nueva: la posibilidad, al menos discursiva, de una agenda de cooperación que reemplace la lógica de sanciones, amenazas y castigos.

Resta saber si la administración estadounidense tomará nota del mensaje o si optará por profundizar el camino de la presión. Por ahora, la pelota quedó del lado de Washington.

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