La bronca a la calle: masiva marcha en Salta contra el ajuste y el hambre

Política21/09/2026 Radiografía del hartazgo

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La tarde salteña se cargó de un aire espeso, el mismo que anticipa el punto de quiebre cuando el descontento social desborda los límites de la resignación. Desde la emblemática Plaza 9 de Julio, que por un instante dejó de ser el decorado colonial destinado al turismo para transformarse en un territorio vivo y palpitante, miles de salteños coparon las calles en una masiva e histórica movilización.

La marcha sintetizó un grito colectivo y desgarrador frente a una provincia y un país heridos por el desplome de los salarios, el hambre en los barrios, los desalojos a comunidades originarias y una crisis social que no da tregua. Jubilados, trabajadores precarizados, mujeres, diversidades, estudiantes y referentes de pueblos originarios marcharon bajo una premisa ineludible: transformar la bronca acumulada en organización popular.

El malestar que inundó el centro salteño no brotó de la nada; creció silencioso como las grietas en una pared vieja, alimentado por un combo de asfixia económica y desidia institucional. Por un lado, el brutal impacto del plan económico nacional golpea con dureza los cimientos provinciales: familias endeudadas que no logran cubrir sus necesidades básicas, un dramático incremento en los índices de suicidios y el desfinanciamiento criminal de la salud mental que deja a la juventud a la intemperie. A esto se suma el avance sobre las tierras de comunidades originarias —como los Lules y diaguitas—, resistiendo desalojos calificados como un verdadero genocidio social en cámara lenta.

Pero el repunte de la bronca también apuntó sin ambages al plano político local y provincial. Desde la complicidad silenciosa del gobernador Gustavo Sáenz —quien ejecuta la motosierra nacional con rigurosidad— hasta la entrega legislativa evidenciada en la reciente habilitación de pliegos judiciales y el endeudamiento serial. La protesta también dejó lugar al cuestionamiento hacia las cúpulas sindicales tradicionales, acusadas de priorizar el confort de los despachos antes que la defensa irrestricta de los trabajadores en las calles.

La movilización aglutinó a una amplísima constelación de espacios sindicales, sociales, de derechos humanos y de izquierda que plantaron bandera contra el ajuste. Entre los sectores presentes se destacaron agrupaciones de jubilados autoconvocados, la Mesa de Derechos Indígenas, comunidades lules y waka-lis, colectivos lesbotransfeministas, sindicatos docentes como ADIUNSA, actores locales, asambleas barriales y partidos del arco político opositor y de izquierda.

Lejos de diluirse en un mero desahogo, la jornada dejó en evidencia que la bronca individual, cuando se colectiviza, se convierte en la única herramienta de resistencia efectiva. Con la memoria luminosa de victorias recientes —como el freno a la extranjerización de tierras— latiendo en el horizonte, la marcha en Salta dejó un mensaje tan incómodo para el poder como urgente para la calle: organizar la bronca, unir las luchas y construir una salida colectiva frente a un modelo que expulsa a las mayorías.

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