
Villarruel en Salta: el Milagro vuelve a poner a Zapata entre dos lealtades
Política15/09/2026 Libertario de ocasión


La presencia de la vicepresidenta, enfrentada con Javier Milei, devuelve la atención sobre el vínculo que construyó con Carlos Zapata. El dirigente de origen olmedista exhibe alineamiento con el Presidente, pero su cercanía con Villarruel abre una pregunta sobre los límites de esa fidelidad.
Victoria Villarruel llegó a Salta para participar de las celebraciones del Señor y la Virgen del Milagro. Su presencia tiene una dimensión religiosa, aunque el enfrentamiento que mantiene con Javier Milei le agrega una lectura política inevitable: la vicepresidenta comparte el Gobierno con un presidente que la descalifica públicamente y la ubica en la oposición.
En ese escenario aparece Carlos Zapata, el dirigente de origen olmedista incorporado al armado libertario. Su relación con Villarruel tiene antecedentes públicos: en enero de 2024 se reunió con ella y le entregó personalmente una invitación del Club 20 de Febrero para asistir a su celebración anual. En aquella oportunidad también expresó respaldo a la gestión de Milei. Eran tiempos en los que ambas cercanías podían exhibirse sin explicar contradicciones.


Hoy el contexto es otro. La ruptura entre el Presidente y su vice convirtió aquel vínculo en un asunto políticamente incómodo para quienes se presentan como soldados del mileísmo. En agosto, Milei volvió a calificar a Villarruel como “opositora del Gobierno”: una definición que deja poco espacio para presentar sus diferencias como un simple desacuerdo de gestión.
El alineamiento de Zapata con la Casa Rosada sigue siendo público. Este lunes, Cuarto informó que el legislador integraría, junto con Emilia Orozco, la delegación salteña convocada por Milei para ordenar la agenda parlamentaria del oficialismo. Su pertenencia al dispositivo presidencial convive, así, con el antecedente de una relación directa con la dirigente que el propio mandatario cuestiona.
La precisión es necesaria: según la información publicada sobre esta visita, Villarruel fue invitada por el Arzobispado de Salta. No está acreditado que Zapata haya gestionado su llegada para el Milagro. Tampoco un vínculo previo demuestra, por sí solo, una operación contra el Presidente. Lo que sí permite es interrogar la imagen de fidelidad absoluta que proyecta el dirigente libertario.
Allí está el punto político. Si Zapata conserva esa cercanía mientras exhibe adhesión irrestricta a Milei, su conducta puede leerse como una lealtad con excepciones: disciplina hacia la conducción nacional y margen propio para relacionarse con su adversaria interna. La doble vara necesita probarse con gestos actuales, pero la visita vuelve a dejar planteada la pregunta.
Para los fieles, el Milagro representa la renovación de un pacto. Para Zapata, la presencia de Villarruel recuerda que los pactos políticos también se examinan: especialmente cuando la fidelidad que se proclama empieza a exigir definiciones.


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