Coraita no quiere adjetivos | El libertario que pidió respeto en nombre del partido de los insultos

Política10/08/2026 El problema son los sustantivos

Guzman-Coraita-y-Emilia-Orozco

El legislador libertario reclamó respeto, diálogo y el abandono de los agravios durante el debate por la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. El pedido sonó razonable, aunque bastante extraño dentro del espacio político conducido por Javier Milei, quien convirtió la descalificación en método de gobierno. Admirador de Cafrune y autodefinido güemesiano, Coraita enfrenta además una contradicción más profunda: reivindicar a quienes defendieron la soberanía mientras integra un proyecto acusado de entregarla.

Antes de analizar la manifestación del senador salteño, conviene detenerse en la palabra que tanto le molestó: cipayo. Significaba “soldado” en persa, y originalmente designaba a los combatientes indios que servían a los ejércitos coloniales europeos. Con el tiempo, el término pasó a identificar, de manera despectiva, a quien actúa al servicio de intereses extranjeros. La Real Academia Española también la define como “secuaz a sueldo”. 

En la Argentina no existe un único autor al que pueda atribuirse su primer uso político, pero fue popularizado durante la década Infame de 1930 por FORJA y referentes como Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz y Homero Manzi, para denunciar la subordinación nacional frente a las potencias extranjeras.

En este marco, durante el debate por la denominada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, y en medio de una creciente presión social para que el Senado rechazara el proyecto, Guzmán Coraita tomó la palabra para defender el honor del bloque libertario. “Ninguno de los que integramos este bloque somos cipayos. Trabajamos por nuestro país porque queremos ver grande a nuestro país”, aseguró.

Hasta allí, una declaración de principios. El problema aparece cuando las palabras se enfrentan con los hechos y las afiliaciones políticas. Guzmán Coraita pertenece al sector libertario de Alfredo Olmedo y Carlos Zapata, alineado con un Gobierno nacional que promueve la apertura económica, la explotación de recursos estratégicos por capitales extranjeros y una concepción de la soberanía bastante más cercana al mercado que a las gestas patrióticas.

El legislador pidió que se abandonen “los calificativos peyorativos” y se priorice el diálogo. “Las palabras descalificantes humillan, impiden el diálogo”, reflexionó con una sensatez que, dentro de La Libertad Avanza, podría ser considerada una indisciplina.

Lo llamativo es que recién pida respeto cuando el señalamiento está dirigido contra su bloque. Para muestra, basta con recordar que no pareció incomodarse mientras Javier Milei edificaba buena parte de su identidad política sobre la humillación del adversario, el hostigamiento y la descalificación sistemática de periodistas, dirigentes, artistas, economistas y ciudadanos que se atrevieran a cuestionarlo.

Como si eso fuere poco, el gobierno nacional que integra y defiende, implementa un plan de endeudamiento que se centra en un ajuste fiscal drástico para lograr el equilibrio financiero y una profunda desregulación de la economía con eje en el mercado libre, todo lo opuesto a lo que promovieron e hicieron dos de sus figuras predilectas: el General Martín Miguel de Güemes y el turco Jorge Cafrune. Estos símbolos están profundamente ligados a la tierra, la identidad popular y la resistencia frente a los poderes externos.

Cafrune cantó las injusticias de los olvidados y llevó la rebeldía como marca personal. Güemes organizó a gauchos, campesinos y sectores populares para impedir que el poder extranjero avanzara sobre el territorio. Coraita, en cambio, integra un proyecto político que convierte los recursos naturales y la tierra en mercancías disponibles para quien pueda pagarlas, tal vez por eso, le incomoda que le digan “cipayo”.

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