Bronca sin calle: en Salta, el ajuste no logró quebrar la apatía colectiva

Política21/09/2026 Una marcha con muy poca gente
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La “Marcha de la Bronca” reunió a partidos de izquierda, jubiladxs y organizaciones feministas, pero tuvo una convocatoria mínima. La ausencia del PJ con sus distintas vertientes y de la CGT salteña profundizó una postal política incómoda: mientras el ajuste nacional golpea áreas sensibles, buena parte de la oposición y del sindicalismo permanece fuera de la calle.

La bronca existe, pero en Salta casi nadie salió a la calle para ser parte de la marcha que tuvo epicentro en la plaza 9 de julio el sábado 19 de septiembre contra las políticas de ajuste del Gobierno de Javier Milei. Quienes sí participaron fueron los partidos tradicionales de izquierda, como el Partido Obrero, MST y PTS; además se vieron referentes universitarios y de organizaciones feministas, pero aún así una vez más no se  consiguió convocar de manera significativa a trabajadores, estudiantes y ciudadanos sin pertenencia partidaria.

La postal local contrastó con la dimensión de los reclamos. El ajuste alcanza áreas particularmente sensibles como discapacidad, ciencia, educación pública y organismos estratégicos como el INTA. Sin embargo, ni siquiera la acumulación de sectores afectados alcanzó para convertir el malestar cotidiano en una movilización numerosa.

Pero la escasa concurrencia ciudadana fue apenas una parte del dato político. También llamó la atención la ausencia del Partido Justicialista y de todas sus vertientes. Ninguno de los sectores que se reivindican peronistas, nacionales y populares o críticos del Gobierno nacional tuvieron una presencia capaz de distinguirse en la convocatoria.

No estuvieron quienes conducen formalmente el PJ ni aquellos que, desde agrupaciones, partidos aliados o expresiones internas, comienzan a hablar de unidad, reconstrucción y alternativas electorales para 2027. Mientras algunos dirigentes multiplican reuniones, documentos y fotografías para reposicionarse, la protesta concreta contra el ajuste quedó prácticamente en manos de la izquierda.

La ausencia expone la distancia entre el discurso opositor y la disposición real para organizar el descontento. El peronismo salteño cuestiona a Milei desde declaraciones y redes sociales, pero cuando una convocatoria nacional reclamó ocupar las calles, sus diferentes expresiones eligieron no involucrarse o lo hicieron de manera tan marginal que su presencia resultó imperceptible.

Otro silencio contundente fue el de la CGT salteña. Frente a una movilización que cuestionaba la pérdida del poder adquisitivo, los despidos y el desfinanciamiento de áreas públicas, la central obrera local tampoco apareció como protagonista. La falta de participación resulta todavía más significativa porque los trabajadores constituyen uno de los sectores directamente afectados por el programa económico nacional.

La jornada dejó expuesta la debilidad de las organizaciones que deberían representar a quienes sufren el ajuste. Si el ciudadano común no encuentra razones para movilizarse y las principales estructuras políticas y sindicales tampoco lo convocan, la bronca queda reducida a una experiencia individual, sin capacidad para transformarse en presión colectiva.

La escasa concurrencia no significa necesariamente respaldo a Milei. Puede expresar resignación, fragmentación social, temor a exponerse, descreimiento en la política o la sensación de que marchar ya no modifica ninguna decisión. Pero también interpela a una izquierda que todavía encuentra dificultades para ampliar sus convocatorias más allá de sus propios militantes.

En medio de esa escena, una mujer mayor ofreció una definición tan breve como contundente: “Salta siempre fue de los cholos”. La expresión no constituye una explicación absoluta, pero condensa una lectura histórica sobre la provincia y los reclamos colectivos: el peso de una élite tradicional, terrateniente y conservadora, y una cultura atravesada por jerarquías sociales, dependencias y un respeto persistente hacia quienes concentran poder.

En esa Salta de apellidos, apariencias y relaciones de subordinación, la protesta callejera suele ser observada con distancia o identificada exclusivamente con determinados partidos. Una sociedad puede estar disconforme y, al mismo tiempo, permanecer inmóvil. Puede padecer el ajuste sin apoyar al Gobierno, pero tampoco reconocerse en quienes convocan a enfrentarlo.

La Marcha de la Bronca dejó entonces una doble fotografía. Por un lado, una izquierda que ocupó la calle, aunque sin lograr una convocatoria popular significativa; y por otro, un peronismo y una dirigencia sindical que pretenden representar a los trabajadores y sectores populares, pero decidieron mirar la protesta desde afuera, sin involucramientos.

Fotos y video: Ceci Gianella

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