
El ex combatiente salteño que desembarcó en las Islas Malvinas



Desde ese momento los reclamos por parte de Argentina corrieron por caminos diplomáticos. En aquel año (1982) se encontraba el gobierno de facto al que llamarían proceso de reorganización nacional, presidido por el teniente general Leopoldo Galtieri.
La situación era apremiante producto de la difícil situación económica y política que se vivía, el clima era una caldera. El historiador salteño Miguel Cáceres cuenta que “el 31 de marzo de 1982 hubo una durísima represión que quedó sepultada porque medio día después salió lo de Malvinas”, es que los gremios, las agrupaciones sindicales y el conjunto de la sociedad comenzaron a hacer sentir en las calles esa disconformidad.
Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el desempleo alcanzó durante el año de la Guerra de Malvinas el pico de 5,3%, en 1981 y 1982, la actividad económica bajó un 5,4% y 3,2%, además los salarios cayeron un 30%. Atrás había quedado la efervescencia que se generó por el mundial ´78. Galtieri jugaría su última carta para revertir la situación.


En Salta, gobernaba el Capitán de navío Roberto Ulloa, designado por la junta militar, quien luego fundó el Partido Renovador de Salta. Lejos de los albores de la capital nacional, Salta fue una zona “silenciosa” no porque no haya pasada nada, sino que los focos de atención estaban puestos en el centro del país.
Fueron 723 los salteños que participaron en el conflicto de Malvinas. José Ortega fue uno los jóvenes que pisó tierras malvinenses y fue parte de la Operación Rosario, “embarcamos por tres días, recién en la noche del 31 de marzo nos dijeron que íbamos a Malvinas, no sabíamos nada. Fue un jolgorio total, nos habíamos preparados para esto”.
Ortega pertenecía al Comando Anfibio y fue uno de los que participó de la operación Rosario con el propósito de recuperar las islas; cuenta además que había una orden de no tocar ni matar a ningún inglés, cuando desembarcaron tuvieron que entrar casa por casa: “había ingleses escondidos detrás de las puertas en los roperos, en las ventanas”. El Capitán Giachino Jefe de patrulla de Comandos Anfibios y Buzos Tácticos fue unos de los caídos en combate. “Cuando nos enteramos de nuestro capitán estábamos llorando, yo me encontraba requisando a un inglés que me cortó la mano con una navaja mientras lo requisaba, lo golpeé de la bronca”, recuerda el ex combatiente.
Contó que los ingleses ya sabían que iban a desembarcar, "era un secreto que se rompió, nos dimos cuenta porque cuando fuimos a desembarcar habían ametralladoras apuntándonos”. La noche anterior hubo una tormenta que dificultó el desembarco donde estaba estipulado inicialmente, así fue que tuvieron que descender en isla Verde unos kilómetros atrás de bahía Enriqueta donde deberían haber llegado y donde se encontraban apuntando las ametralladoras inglesas.
Luego de aquella Operación José se dirigió a Mar del Plata. Fue un gran atleta y siguió perfeccionándose como tal, “teníamos que estar listo por si se requería volver a las islas” comentó.
A los 29 años volvió Salta, “llegué en sillas de ruedas, me caí del cerro tronador pico argentino en Bariloche, haciendo un curso de perfeccionamiento, tuve 18 quebraduras”. Formó su familia, tuvo cuatros hijos y luego de varios años se separó. “Estuve 19 años casado hasta que me separé, tenía crisis de nervios, incomprensión familiar, llegaba esta época y lloraba, se sufre mucho”. Siempre estuvo muy vinculado al deporte, luego de su recuperación se formó como técnico de futbol profesional y técnico superior en preparación física.
Pasaron 27 años del suceso de Malvinas para que fuera reconocido con una pensión de guerra nacional, y muchos años después con una renta vitalicia mínima provincial. “Los políticos nos utilizan, llega esta fecha y vienen a saludarnos, tienen todos los días para hacerlo” nos comenta.
Este 1 de abril José, como todos los años, llevará a cabo la vigilia en honor a Malvinas en su casa de barrio Puerto Argentino, a partir de las 20 horas con distintas actividades, como coplas y cantos, luego a las 23 horas se entona el himno para luego servir el clásico locro. Es una actividad que se organiza por fuera de las conmemoraciones oficiales que se hacen habitualmente desde la gestión provincial.





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