Discapacidad: qué cambia con la reglamentación de la Ley de Emergencia

General04/02/2026 El Gobierno tuvo que activar por orden judicial
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Luego de meses de demoras y tras una orden judicial que exigió su aplicación inmediata, el Gobierno nacional reglamentó la Ley de Emergencia Nacional en Discapacidad mediante un decreto publicado en el Boletín Oficial.

La medida marca un punto de inflexión: la ley deja de ser una declaración formal y pasa a tener un esquema operativo concreto, con reglas claras sobre pensiones, prestaciones, controles y financiamiento.

La norma había sido sancionada el año pasado, pero el Poder Ejecutivo había condicionado su puesta en marcha a la disponibilidad presupuestaria. Esa decisión fue cuestionada en la Justicia y, en diciembre, el juez federal de Campana Adrián González Charvay declaró inválido el artículo que suspendía su vigencia, al considerar que ataba derechos fundamentales a criterios fiscales. El magistrado advirtió que el desfinanciamiento ponía en riesgo tratamientos esenciales para personas con discapacidad y ordenó su “inmediata puesta en marcha”.

Aunque el Gobierno apeló el fallo, la Justicia habilitó la feria judicial para controlar su cumplimiento. Finalmente, con el decreto reglamentario, el Ejecutivo formalizó la implementación y definió cómo se aplicará la emergencia en todo el país.

El cambio central: nuevo régimen de pensiones

Uno de los puntos más relevantes de la reglamentación es la creación del nuevo régimen de Pensión No Contributiva por Discapacidad para Protección Social. El decreto establece criterios de acceso, permanencia e incompatibilidades, además de procedimientos administrativos y mecanismos de control.

A partir de ahora, las pensiones no contributivas otorgadas con anterioridad se convertirán automáticamente al nuevo esquema, aunque estarán sujetas a un proceso de verificación administrativa. Esto implica la revisión de miles de beneficios vigentes en todo el país, en un contexto donde el Estado busca "ordenar" el sistema sin desconocer la función protectora de la prestación.

La reglamentación también redefine la evaluación socioeconómica, con el objetivo de compatibilizar la asistencia con la inclusión social y laboral, evitando superposiciones con otros beneficios.

Emergencia, derechos y control estatal

La ley declara la emergencia en discapacidad hasta el 31 de diciembre de 2026, con posibilidad de prórroga por un año más. Al ser de orden público, rige en todo el territorio nacional y no puede ser limitada por normas provinciales o locales, reforzando la responsabilidad del Estado nacional de garantizar un piso mínimo de derechos.

Otro cambio relevante es la adopción explícita del modelo social de discapacidad, en línea con la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que tiene jerarquía constitucional en Argentina. Se abandona así una mirada puramente médica y se reconoce el peso de las barreras sociales, económicas y culturales.

En términos económicos, la pensión equivale al 70% del haber mínimo jubilatorio, con adicionales en casos de invalidez laboral o residencia en zonas desfavorables. Además, el beneficio será compatible con el empleo formal, siempre que los ingresos no superen el equivalente a dos salarios mínimos, buscando evitar que la pensión funcione como un desincentivo al trabajo registrado.

Prestaciones, financiamiento y auditorías

El decreto también declara de interés público nacional a las prestaciones del sistema de la Ley 24.901 y obliga al Estado a financiar una compensación de emergencia para cubrir el atraso entre aranceles e inflación, además de establecer mecanismos de actualización.

En paralelo, se prevé un esquema de auditorías periódicas, con garantías de debido proceso y accesibilidad, y la obligación del Poder Ejecutivo de presentar un informe anual público sobre presupuesto, pensiones y políticas implementadas.

Con la reglamentación ya vigente, la Ley de Emergencia Nacional en Discapacidad entra en una nueva etapa. El desafío ahora será la implementación efectiva de las medidas, el control del sistema sin recortes encubiertos y la capacidad del Estado de sostener derechos en un contexto de ajuste fiscal y alta demanda social.

 

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