Cierran el Hogar de Noche tras cubrir 7.000 plazas en cuatro meses

Política04/09/2026 Desamparo estacional
Hogar de noche 1

Lejos de constituir un motivo de balance exitoso, el cierre temporario del Hogar de Noche —anunciado tras cuatro meses de intensa actividad y 7.000 plazas ocupadas— deja al desnudo el profundo fracaso de las políticas de contención estructural frente a la crisis social que atraviesa la provincia. Mientras el municipio se apresta a desarticular el dispositivo estacional bajo el argumento del fin del invierno, la realidad expone que la intemperie no entiende de calendarios ni de temporadas climáticas.

El secretario de Inclusión Social, Juan Pablo Linares, confirmó que el espacio ubicado en calle 20 de Febrero dejará de funcionar como refugio nocturno para reconvertirse en base logística y, posteriormente, en un hogar de paso condicionado a emergencias climáticas. Sin embargo, detrás de las cifras oficiales que alardean sobre la cobertura brindada, se esconde una postal dramática: el colapso de personas arrojadas a la indigencia por la falta absoluta de horizontes laborales y económicos.

Uno de los datos más alarmantes que arrojó esta temporada fue la marcada presencia de jóvenes buscando cobijo, un síntoma inequívoco del colapso de las trayectorias vitales y la precariedad extrema que ahoga a las nuevas generaciones. Si bien desde el Ejecutivo municipal se destacó la vinculación con la Escuela de Emprendedores y las oficinas de empleo para la confección de currículums, la contención estatal termina operando como un parche efímero ante un flagelo estructural que expulsa cotidianamente a ciudadanos al circuito de la calle.

El propio diagnóstico oficial reconoció que gran parte de los asistentes eran personas en situación de calle transitoria —provenientes de otros puntos que llegaron a Salta en busca de oportunidades y terminaron perdiendo hasta el último recurso— o familias enteras quebradas por la ruptura de sus redes de contención familiar y laboral.

Interrumpir el funcionamiento del dispositivo de asistencia nocturna bajo el pretexto de la llegada de temperaturas más templadas representa una lectura miope y expulsiva de la crisis social. Con la reducción del espacio a una base de apoyo supeditada a eventuales evacuados, decenas de personas quedan expuestas al desamparo en un contexto donde los indicadores de pobreza e indigencia continúan golpeando con dureza a los sectores más vulnerables de la capital salteña. Alarmarse ante este panorama es lo mínimo que exige la hora; naturalizar el cierre de refugios mientras las calles siguen sumando historias rotas confirma que, frente al drama social, las respuestas oficiales siguen llegando tarde y se apagan demasiado pronto.

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