Caza en Salta: entre la tradición, el negocio y una fauna cada vez más vulnerable

Salta07/05/2026 Fauna salteña
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Enrique Derlindati
Foto gentileza: Gente de Salta

La discusión sobre la caza en Salta volvió a instalarse con fuerza luego de las declaraciones del doctor en Biología Enrique Derlindati, quien advirtió sobre el impacto que tiene la actividad sobre la fauna local y cuestionó la distancia existente entre las normas vigentes y lo que realmente ocurre en el territorio.

Enrique Derlindati es un destacado biólogo, investigador y docente universitario, especializado en la conservación del medio ambiente y la ecología de humedales de nuestra Salta.

Recientemente sostuvo, en una entrevista con El Tribuno, que la caza no puede analizarse únicamente como una práctica tradicional, sino también como una actividad económica que mueve distintos intereses.

Sin embargo, remarcó que el problema aparece cuando el control estatal no logra acompañar la realidad del campo.

“La caza en Salta es una actividad que no solo es parte de una tradición cultural, sino también de un negocio económico que involucra a diferentes sectores. Sin embargo, a lo largo de los años, fuimos testigos de un desajuste entre las normas y la realidad del campo”, señaló.

Según explicó, la normativa actual habilita únicamente determinadas especies, aunque en la práctica muchas veces terminan siendo cazados animales protegidos o cuya captura está prohibida.

Qué se puede cazar y qué no

Derlindati recordó que la resolución 00236/2025 establece con claridad cuáles son las especies autorizadas para la caza deportiva en Salta: paloma torcaza, paloma turca o picazuró, paloma manchada, perdiz chica común, perdiz montaraz y liebre europea.

A partir de allí, el especialista fue contundente:

“La caza mayor está directamente prohibida. Cualquier mamífero de más de 5 kilos queda fuera de las especies habilitadas”.

También aclaró que no está permitida la caza de suris, pavas del monte, charatas, aves rapaces ni aves acuáticas como patos o chumucos. Sin embargo, aseguró que basta recorrer redes sociales o escuchar relatos habituales en zonas rurales para detectar que muchas otras especies continúan siendo perseguidas.

Entre ellas mencionó corzuelas, chanchos de monte, pumas, quirquinchos, vizcachas e incluso conejos de los palos, animales que en varios casos cuentan con protección especial o requieren estrategias de conservación.

El problema de la desinformación

Para Derlindati, uno de los puntos más delicados del tema es la falta de conocimiento sobre las normas ambientales.

“La gente, en general, no sabe qué está permitido cazar y, en muchos casos, ni siquiera cuáles son las especies que están protegidas”, afirmó.

El biólogo consideró que existe una fuerte desconexión entre la sociedad y el entorno natural, y planteó la necesidad de fortalecer la educación ambiental como herramienta clave para evitar daños irreversibles sobre la biodiversidad.

En ese sentido, advirtió que el problema no se reduce solamente a quienes practican la caza furtiva, sino también a la ausencia de campañas de difusión, controles efectivos y estadísticas actualizadas sobre el estado de las poblaciones animales en la provincia.

Una propuesta polémica: frenar la caza por dos años

Entre las posibles soluciones, Derlindati propuso avanzar en una suspensión temporal de la actividad cinegética.

“Una de las opciones que podría ayudar es implementar una suspensión temporal de la actividad, una veda de al menos dos años”, planteó.

El objetivo, explicó, sería permitir estudios científicos de base para determinar el estado real de las especies, establecer cupos sostenibles y delimitar zonas específicas donde eventualmente pudiera desarrollarse la actividad bajo mayor control.

La propuesta seguramente abrirá polémica en sectores vinculados históricamente a la caza deportiva y rural, especialmente en una provincia donde esta práctica suele defenderse como parte de una tradición cultural arraigada.

De matar animales a fotografiarlos

Más allá de las restricciones, el especialista insistió en que Salta podría desarrollar alternativas económicas vinculadas al turismo de naturaleza y la fotografía de fauna.

“La fotografía de fauna comparte muchas de las habilidades requeridas en la caza, pero con una diferencia fundamental: no matas al animal”, sostuvo.

Según explicó, este modelo ya funciona en distintas partes del mundo como una actividad rentable para comunidades locales y guías turísticos, generando ingresos sin afectar las poblaciones animales.

Además, consideró que apostar a este tipo de propuestas permitiría diversificar economías regionales y posicionar a Salta como un destino ambientalmente responsable.

Un debate que excede la tradición

Las declaraciones de Derlindati vuelven a poner sobre la mesa una discusión incómoda para muchos sectores: hasta qué punto las prácticas históricas pueden sostenerse cuando el impacto ambiental comienza a mostrar consecuencias concretas.

“La caza no puede seguir siendo solo una tradición que se justifica por su existencia histórica. Necesitamos integrar la ciencia, los datos actualizados, el control y, sobre todo, la conciencia social en este debate”, concluyó.

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