De la casta a la cabina: la admisión de Gabriela Flores que expone la doble vara libertaria

08/04/2026 No voy en tren, voy en avión

La diputada nacional por Salta reconoció que su hijo viajó “en alguna oportunidad” con pasajes del Congreso. Aunque no configura delito, el planteo reaviva una contradicción incómoda para La Libertad Avanza: prácticas que antes denunciaba como privilegios hoy son justificadas desde el poder.

En una entrevista con los periodistas Paula Poma y Moisés Koss en FM Noticias, la diputada nacional Gabriela Flores (La Libertad Avanza) admitió que su hijo, estudiante de abogacía en Buenos Aires, “en alguna oportunidad puede haber viajado con pasajes del Congreso”. La aclaración llegó en tono defensivo: “Eso no es un delito”, insistió, al tiempo que remarcó que se trata de una “opción válida para quienes tienen esa posibilidad”.

Formalmente, tiene razón. El esquema de viáticos y pasajes del Congreso contempla la asignación de tickets a los legisladores, con cierto margen de discrecionalidad para su uso. No hay, en principio, una ilegalidad en lo dicho. Pero la discusión política no pasa por el Código Penal, sino por la coherencia y la moral que dicen pregonar.

Porque si hay algo que caracterizó el discurso de La Libertad Avanza antes de llegar al poder fue la denuncia sistemática de estos beneficios como parte de los “privilegios de la casta”. Viajes, asesores, viáticos y gastos eran señalados como símbolos de una política desconectada de la realidad. Hoy, ese mismo andamiaje no solo sigue intacto, sino que también es utilizado y defendido por quienes prometían dinamitarlo.

La propia Flores lo dejó entrever al explicar el mecanismo: los legisladores pueden optar por pasajes aéreos o terrestres, y lo que no utilizan se traduce en dinero. “Eso no cambió”, dijo. La frase, quizás sin intención, funciona como síntesis de época: cambió el discurso, no las prácticas.

En ese marco, el episodio no escala por su gravedad institucional, sino por su valor simbólico. La utilización de recursos del Congreso para facilitar traslados familiares puede ser legal, pero tensiona el relato de austeridad y ejemplaridad que el oficialismo construyó como bandera identitaria. Y en política, muchas veces, las contradicciones pesan más que las infracciones.

El caso de Flores se suma así a una serie de situaciones donde la narrativa libertaria choca con la gestión real. Sin estridencias ni escándalo judicial, pero con un ruido de fondo cada vez más difícil de disimular: cuando la “casta” deja de ser un otro y empieza a parecerse demasiado a uno mismo.

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