
Manada en Bella Vista: el rugby vuelve a ser el escenario de una cacería sexual organizada
Judiciales04/04/2026



Drogas en las bebidas, chats del horror y jugadoras de hockey como blanco. La denuncia en el Club Regatas de San Miguel desnuda la cara más oscura del patriarcado: la violencia como deporte grupal.
Lo que ocurrió el pasado 24 de marzo en el Club Regatas de Bella Vista no fue un "exceso" de alcohol ni una "conducta impropia" aislada; fue, según las denuncias y los chats que circulan con nombre y apellido, una maniobra coordinada de varones organizados para abusar. La filtración de mensajes y videos ha dejado al descubierto una práctica que hiela la sangre: la adulteración de bebidas de jugadoras de hockey con sustancias para anular su voluntad (se habla de "Vital Honey" y otras drogas prohibidas) con el único fin de convertirlas en presas de una cacería sexual en medio del "tercer tiempo".
La gravedad institucional es total. Mientras la justicia investiga si existió un plan sistemático para drogar a las jóvenes tras el partido contra Los Tilos, la sociedad se enfrenta a una realidad que ya no puede seguir ocultando bajo la alfombra de los "valores del deporte". Estos hechos no ocurren en el vacío; se gestan en una cultura patriarcal que educa a los varones en la complicidad del silencio y en la cosificación de la mujer como un trofeo de guerra. En esos chats, que hoy son pruebas judiciales, la deshumanización de las víctimas es el lenguaje común de una manada que se siente impune bajo el amparo de los colores del club.
Durante décadas, el mundo del rugby ha protegido sus rituales de masculinidad tóxica bajo el velo de la camaradería. Pero cuando la "camaradería" implica dopar a una compañera de club para violarla, estamos ante una estructura criminal sostenida por el patriarcado. La naturalización de estas acciones es el verdadero peligro: el entorno que ríe el chiste machista, el que ve cómo ponen algo en un vaso y mira para otro lado, y el club que tarda en reaccionar para "cuidar la institución" antes que a las víctimas.
Aunque el club emitió un comunicado prometiendo "firmeza", la respuesta llega cuando el escándalo ya es imparable en las redes sociales. No alcanza con sanciones administrativas; se necesita un cambio de raíz en la formación de estos varones que entienden el consentimiento como un obstáculo a sortear mediante el engaño y la droga.
Esta denuncia en Bella Vista debe ser el límite. No son "chicos bien" que se equivocaron; son adultos que se organizaron para vulnerar la dignidad de las personas. La sociedad ya no tolera la complicidad institucional. El patriarcado se alimenta del silencio, y hoy ese silencio se rompió. Exigimos una justicia con perspectiva de género que no se deje amedrentar por los apellidos de turno y que ponga fin a esta cultura de la violación que sigue cobrándose la integridad de nuestras pibas en los lugares que deberían ser seguros.


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