Tres trasplantes renales en dos meses: la urgencia de hablar en serio sobre la donación de órganos

General03/03/2026 Un gran acto de amor

En Salta, el primer bimestre del año dejó un dato sanitario tan concreto como contundente: en el hospital Arturo Oñativia se realizaron tres trasplantes de riñón, y en los tres casos los órganos provinieron de donantes cadavéricos. Tres cirugías que, para quienes estaban en diálisis, no son una estadística: son la posibilidad real de recuperar tiempo, autonomía y vida.

Cada operativo de trasplante moviliza un sistema complejo: alrededor de 20 profesionales participan en simultáneo, desde cirujanos y nefrólogos hasta enfermería, instrumentadores, radiología, hemoterapia, microbiología, logística, técnicos y choferes. Es medicina de alta precisión, sí, pero también es organización pública y decisión colectiva: sin donación no hay trasplante.

Cuando el riñón se apaga, el cuerpo paga todo

En el propio hospital Oñativia lo explican con claridad clínica: el trasplante llega como última instancia de la enfermedad renal crónica. Antes hay prevención, controles y tratamientos para sostener la función renal. Cuando ya no alcanza, se ingresa en el circuito más duro: hemodiálisis y/o trasplante.

Hoy, el Centro de Diálisis del nosocomio tiene más de 100 pacientes bajo tratamiento dialítico, a lo que se suma la coordinación de dispositivos en Orán, Tartagal, Cafayate y Joaquín V. González. Detrás de esos números hay jornadas atravesadas por pinchazos, catéteres, restricciones, cansancio, traslados y un reloj biológico que no negocia.

“El cuerpo ya no es el mismo”: la diálisis no es un paréntesis

Hablar de donación de órganos no es un gesto moralista: es una necesidad social. Y también es una conversación que, muchas veces, se evita hasta que golpea la puerta de casa.

Yo, Ramiro Jiménez, convivo con insuficiencia renal crónica (IRC) desde 2011. En 2014 fui trasplantado gracias al gesto de amor más grande que recibí: mi hermano, Juan Fernando Jiménez, me donó un riñón. Ese acto me devolvió años de vida que no se explican con palabras.

Pero en agosto de 2024, casi una década después, me tocó volver a diálisis. Y ahí aparece una verdad que no entra en los comunicados: el cuerpo ya no es el mismo. Está más grande, más achacado, y cada intervención deja marcas. No sólo rastros clínicos: rastros que duelen. Por eso, cuando se habla de trasplantes, hay que decirlo sin eufemismos: donar no es una consigna, es una salida concreta para quienes sobrevivimos conectados a una máquina.

Salta: 112 mil voluntades registradas, pero la conversación debe crecer

En Argentina, la ley establece que toda persona mayor de 18 años es considerada donante si manifestó voluntad afirmativa o si no dejó constancia expresa de oposición. En Salta, ya son más de 112 mil quienes registraron su voluntad de donar órganos, tejidos y células.

Registrar la decisión es simple, y puede hacerse de varias maneras:

  • Firmando un acta en el CUCAI Salta

  • Enviando un telegrama gratuito desde cualquier sucursal del Correo Argentino

  • Desde la app Mi Argentina (Salud → Donación de órganos → “expresá tu voluntad de donar”)

  • Al tramitar el DNI

Donar órganos: el debate que salva vidas

El trasplante no es magia ni suerte. Es medicina, sistema, tiempo y, sobre todo, donación. Cada donante puede significar una nueva oportunidad para personas que hoy están en diálisis, esperando un llamado que puede tardar meses o años.

La sociedad necesita entenderlo sin miedo y sin mitos: donar órganos es un acto de amor civil, una decisión que transforma la muerte en continuidad, y que puede devolverle a alguien la posibilidad de vivir sin la condena del desgaste permanente.

Porque para quien espera —y para quien vuelve a empezar— no se trata de estadísticas. Se trata de vida.

Te puede interesar
Lo más visto