Caso Natalia Cruz: sospechan que el femicida de Quijano tiene cobertura para ocultarse

General23/02/2026 ¿Quién ayuda a Serapio?
Serapio prófugo

Se cumplen seis días desde el brutal femicidio de Natalia Cruz en el barrio Luz y Fuerza de Campo Quijano, y el paradero de Orlando Serapio sigue siendo un enigma que sacude a toda la provincia. 

A pesar de que el asesino huyó dejando atrás su camioneta en la Ruta Nacional 51, la investigación parece haberse empantanado entre la falta de recursos tecnológicos y una serie de procedimientos judiciales que los vecinos califican como "superficiales".

El único rastro humano de Serapio tras el crimen fue el llamado a su propia madre, a quien le habría confesado fríamente: "Me mandé una cagada, cuidá a los chicos". Sin embargo, lejos de ser un arrebato de desesperación, los investigadores sospechan que la fuga fue fríamente calculada. El femicida no se fue con lo puesto; se llevó ropa de abrigo, pertenencias personales y su teléfono celular, elementos clave para sobrevivir en la inhóspita Puna salteña o para coordinar un escape mayor.

La camioneta abandonada camino a San Antonio de los Cobres es la única pista firme, pero también una posible distracción. Mientras una hipótesis sugiere que Serapio pudo haberse quitado la vida en los cerros, la teoría que cobra más fuerza es la de la asistencia externa. Los peritos sostienen que, si sigue con vida en esa zona, alguien necesariamente le está brindando refugio, comida y movilidad. No se descarta que, con apoyo logístico, el prófugo intente un cruce clandestino hacia las fronteras de Chile o Bolivia.

El malestar en la comunidad de Quijano y Rosario de Lerma crece por lo que consideran una "búsqueda a medias". El allanamiento en la casa de los padres de Serapio fue duramente criticado por no haber secuestrado los teléfonos celulares de los familiares, perdiendo así la oportunidad de rastrear comunicaciones clave. A esto se suma un operativo de rastrillaje que perdió impulso rápidamente debido a la falta de personal y tecnología adecuada para cubrir un terreno tan hostil.

En la vecina localidad de Rosario de Lerma, el clima es de alerta y bronca. Los vecinos no solo acompañan las marchas de silencio de la familia de Natalia, sino que también expresan temor por la posibilidad de que el femicida esté oculto en zonas rurales cercanas. La sensación de inseguridad es total: mientras la policía rastrea la alta montaña, en los pueblos se siente que el asesino podría estar recibiendo protección a la vuelta de la esquina.

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