Carlos y el último día de trabajo: cuando la jubilación abre otra manera de estar presente

Salta12/02/2026 Cerrillos
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Después de 27 años en la Municipalidad de Cerrillos, Carlos marcó salida por última vez. No fue un portazo ni una despedida grandilocuente. Fue, más bien, el cierre silencioso de una rutina que se volvió vida. Se va con algo que para él vale más que cualquier cargo: las amistades que construyó.

Antes de las 13 horas una compañera iba por las oficinas del municipio de Cerrillos alertando al resto de los compañeros que había la celebración de la jubilación de Juan Carlos Mendoza que cumplió con las horas de trabajo y aportes al Estado para acceder al beneficio que muchos argentinos se acogen con los años de servicio.

Enharinado, saludado y abrazado por compañeros municipales, Carlos sabía que era su última salida oficial del trabajo. 

Antes de entrar a la comuna había trabajado en el campo, más precisamente con tabaco en el Valle de Lerma, claro, Carlos es oriundo de Chicoana. Después vino la estabilidad del empleo municipal en Cerrillos y con casi tres décadas de continuidad fue barrendero, recolector, y finalmente terminó en Obras Públicas. “Ahí es picante el laburo”, resume con una sonrisa que mezcla cansancio y orgullo en la plaza frente a la dependencia municipal donde tiene "atada" su bicicleta.

Cuando mira hacia atrás no habla de grandes conflictos ni de epopeyas administrativas. Habla de vínculos.
“Yo siempre tuve mucha amistad. La pasé bien”, dice, y por eso, incluso hasta el último día siguió acercándose a ver a los muchachos, a compartir un rato más, a estirar ese tiempo que sabe que ya no volverá de la misma manera.

La jubilación, palabra enorme, aparece cargada de preguntas. ¿Se descansa? ¿Se empieza de nuevo? ¿Se pierde algo?
Carlos lo intuye con la sabiduría del trabajador: “Seguramente va a cambiar… capaz que ahora uno gana menos y trabaja al doble, como están las cosas”. No hay dramatismo en su tono, hay realismo.

Hoy un jubilado promedio necesita mucho más que el haber mínimo para cubrir alimentos, medicamentos y servicios. La promesa de tranquilidad después de décadas de aporte se convirtió, para muchos, en una etapa de rebusque permanente.

El fútbol, que durante años fue parte del movimiento cotidiano, ya quedó atrás como jugador pero no como pasión. A la cancha va a seguir yendo, porque mirar también es una forma de participar. “Yo soy inquieto”, aclara, y se define mejor que cualquier currículo. No es de quedarse quieto, echado. Siempre algo para hacer aparece: un arreglo, una visita, una vuelta más.

La jubilación, entonces, no parece ser un final sino otra manera de estar, con menos horarios, pero con la misma identidad construida durante años de trabajo. Carlos se fue del municipio, pero no de su gente.

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