Generación "sin salida": 6 de cada 10 jóvenes salteños no pueden irse de la casa de sus padres

Salta23/01/2026 Crisis económica
joven hablando con mapadres

Un informe de la Fundación Tejido Urbano revela que Salta tiene una de las tasas de emancipación más bajas del país. Con salarios bajos y gastos fijos que superan los $190.000, independizarse es hoy una misión imposible para quienes tienen entre 25 y 35 años.

La independencia juvenil en Salta está en terapia intensiva. Mientras que a nivel nacional el promedio de jóvenes que viven con sus padres es del 38,3%, en nuestra provincia la cifra se dispara al 63,7%. Esto significa que más de 6 de cada 10 jóvenes adultos salteños siguen compartiendo techo con sus padres porque sus ingresos no les permiten sostener un hogar independiente.

El dato es alarmante y coloca a Salta a la cabeza de la crisis habitacional en el Norte Grande, apenas por debajo de Santiago del Estero. La combinación es letal: alquileres por las nubes, servicios básicos que promedian los $192.665 mensuales y un mercado laboral que castiga a los más jóvenes.

El muro de los salarios bajos y la informalidad

El informe desmitifica la idea de que los jóvenes "no quieren trabajar". El problema es la calidad del empleo:

  • Informalidad: El 36% de los jóvenes tiene empleos "en negro", lo que les impide presentar garantías para alquilar o acceder a créditos.
  • Desocupación: Entre quienes viven con sus padres, el desempleo llega al 10,1%, el doble de quienes lograron independizarse.
  • Ingresos: Los jóvenes en Salta ganan, en promedio, un 10% menos que el resto de los trabajadores.
    Estudiar en Salta: Un camino más largo

Otro factor clave es la formación. En Salta, muchos jóvenes deben ayudar económicamente en sus casas mientras estudian, lo que estira los tiempos de las carreras universitarias. El informe advierte que quienes siguen estudiando tienen el doble de probabilidades de quedarse en el hogar familiar, postergando su proyecto de vida propio para sostener el presupuesto de sus padres.

Una crisis estructural

Para Matías Araujo, investigador de la Fundación Tejido Urbano, esto no es un cambio cultural, sino una "señal de alerta". La dificultad para acceder a una vivienda propia está generando un círculo vicioso donde el joven no puede ahorrar, no puede mudarse y termina atrapado en una economía de subsistencia familiar.

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