

Greenpeace expone el colapso ambiental y la ausencia del Estado en Lomas de Olmedo
Salta12/11/2025 El "Chernóbil" salteño
En Pozo Guardián, una explotación petrolera abandonada contamina más de 20 hectáreas de bosque nativo. Greenpeace bautizó el desastre como “el Chernóbil salteño” y denuncia la inacción del Estado ante la muerte de animales, el desplazamiento de familias y la expansión de gases tóxicos en un área declarada de conservación prioritaria.
Hay nombres que pesan, y cuando Greenpeace califica a un sitio como “el Chernóbil salteño”, no hay metáfora: hay tragedia. En Pozo Guardián, Lomas de Olmedo (Pichanal), una explotación petrolera abandonada se transformó en una bomba química a cielo abierto. Desde hace meses, el pozo escupe fluidos y gases tóxicos que ya arrasaron más de 20 hectáreas, mataron animales, forzaron la evacuación de familias y envenenan el aire en pleno bosque nativo.
La zona no es cualquier monte: está reconocida por la propia provincia como Ecosistema Prioritario para la Conservación (EPC). Pero la etiqueta no sirvió ni para prevenir ni para frenar la catástrofe. En menos de medio año, el desastre se expandió sin control. Y mientras los pobladores huyen, las autoridades se limitan a mirar para otro lado.
“Es insólito que, mientras en la Cumbre del Clima se busca abandonar el petróleo, en Argentina tengamos un pozo abandonado contaminando bosques y poniendo en riesgo de incendios a toda la zona”, advirtió desde Belém (sede de la COP30) Hernán Giardini, referente de Greenpeace. La ONG documentó la intensificación de las fugas a alta presión, la formación de una nube tóxica persistente y el avance imparable del derrame sobre flora y fauna.
El contraste es brutal: mientras en los foros internacionales Argentina promete “transición energética” y “compromisos verdes”, en Salta se cocina un crimen ambiental sin responsables visibles. Ni el gobierno provincial ni el nacional han presentado un plan de emergencia, un informe técnico o un operativo de remediación. El silencio oficial huele a complicidad o, al menos, a desidia institucional.
El caso Pozo Guardián resume todo lo que no funciona en la política ambiental argentina: controles inexistentes; empresas que se retiran sin remediar; planes de conservación que no impiden la devastación; y comunidades que solo aparecen en escena cuando ya hay que evacuar.
El “Chernóbil salteño” no es una exageración, es una advertencia. En el norte, la frontera extractiva sigue avanzando sobre bosques, ríos y pueblos sin que el Estado trace límites ni asuma responsabilidades. Y en esa pasividad, cada pozo abandonado se convierte en un futuro incendio, en otro territorio envenenado, en otra deuda ambiental impaga.
En Lomas de Olmedo, la naturaleza pide auxilio a gritos. Y mientras el humo se confunde con la neblina del amanecer, una pregunta flota en el aire tóxico. ¿Cuántos “Chernóbiles” más necesita el país para entender que el abandono también contamina?


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