La Provincia exige la clausura definitiva de los gallineros contaminantes mientras la gestión de Yonar cajonea los pedidos

Alza tu voz27/07/2026 El Encón

image

La indignación de los vecinos de El Encón y La Silleta llegó a un límite insostenible. Lejos de cumplirse la tan ansiada paz ambiental tras las medidas judiciales, el predio avícola que mantiene en vilo a toda la comunidad por la contaminación extrema continúa trabajando con total impunidad, burlándose de las fajas de clausura y operando a la vista de todos.

El descaro institucional quedó confirmado este último fin de semana: vecinos de la zona denunciaron que durante la jornada del sábado camiones de la Granja París entraron y salieron del establecimiento, pisoteando las restricciones judiciales y demostrando que las fajas oficiales son de adorno.

Mientras la pestilencia, la invasión masiva de moscas y el peligro latente para las napas de agua persisten, el conflicto desnuda una escandalosa inacción política y una peligrosa guerra de competencias entre la Provincia y el municipio.

Tras las inspecciones que evidenciaron el funcionamiento irregular del establecimiento —que operaba con habilitación vencida y sin tratamiento adecuado de residuos de miles de gallinas—, fuentes de la Secretaría de Ambiente de la Provincia confirmaron que se enviaron múltiples notas y requerimientos formales a la intendencia para que avance de manera urgente con la clausura definitiva. Sin embargo, la respuesta desde el municipio comandado por Lino Yonar ha sido el más absoluto silencio: no enviaron ni una sola respuesta, desoyendo los mandatos ambientales y dejando desprotegidos a los vecinos.

El contraste entre la gravedad de la crisis sanitaria y la parsimonia de las autoridades locales genera un profundo repudio social. Mientras la Provincia señala que la potestad de ejecutar la clausura definitiva y revocar permisos urbanísticos recae en la órbita municipal, la comuna opta por mirar hacia el costado. El paso de camiones cargados durante el fin de semana, operando con total impunidad pese a las fajas colocadas, ratifica que la firma infractora rompe e ignora las restricciones ante la complicidad por omisión de los funcionarios.

Para los habitantes de la zona, que soportan desde hace años olores nauseabundos insoportables y el escurrimiento de líquidos cloacales y avícolas, la situación es desesperante. La persistencia de esta granja contaminante, desafiando abiertamente a la justicia, moviendo vehículos de carga bajo el amparo de la inercia estatal y con un municipio que cajonea los reclamos, transforma a El Encón en una verdadera zona liberada donde la salud pública queda subordinada a la desidia y al juego político.

Te puede interesar
Lo más visto