Opinión: algo se rompió

20/03/2026 Mariano Arancibia

La convivencia silenciosa que existía entre Gustavo Sáenz y La Libertad Avanza parece haberse terminado.

El detonante fue la declaración de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner en la causa conocida como Causa Cuadernos. En ese contexto, Cristina volvió a plantear que existe un armado político-judicial en su contra y mencionó a Sáenz como supuesto cajero de Stornelli.

El episodio no puede leerse aislado: ocurre en medio de la interna del peronismo y de la disputa por el control del Partido Justicialista en las provincias.

Desde hace tiempo Sáenz viene golpeando la conducción de Cristina. Ya el año pasado había cuestionado el armado de listas y la intervención del PJ en distritos como Salta y Jujuy. En febrero incluso volvió a cargar contra la exmandataria por seguir manejando el partido desde su prisión domiciliaria tras la condena en la causa Vialidad.

“La pyme familiar de la señora, su hijo y sus amigos sigue decidiendo a dedo las autoridades partidarias del PJ en las provincias”, dijo entonces el gobernador.

Ese clima explica en parte lo que pasó ahora. Cristina, en su estrategia de defensa, buscó instalar la idea de persecución y apuntó contra el mandatario provincial. 

Pero lo curioso vino después. Mientras Sáenz respondía a la expresidenta, también empezaron a aparecer críticas desde el universo libertario. Emilia Orozco salió con los tapones de punta. Siguieron los medios afines. Al mismo tiempo, sectores del kirchnerismo también lo atacaron fuertemente. El resultado: el gobernador recibiendo golpes desde los dos lados.

Hasta hace poco el vínculo con La Libertad Avanza se movía en un terreno de cierta tregua. Había diferencias, pero también gestos de convivencia. Esa lógica parece haberse alterado.

En el fondo hay algo más grande: el peronismo atraviesa una discusión profunda sobre su liderazgo y su futuro. Muchos dirigentes provinciales buscan despegarse del kirchnerismo duro y construir otro perfil más federal. En ese tablero, confrontar con Cristina también funciona, para algunos, como posicionamiento de relevo. 

Polarizar con CFK, de hecho, tiene una lógica clara: mantiene un alto nivel de rechazo en buena parte del electorado y enfrentarse puede, eventualmente, levantar el perfil de cualquier dirigente. Por eso, más allá de la acusación, el episodio también coloca a Sáenz en una vidriera nacional.

El gobernador, además, intentó aclarar que el juez Alejo Ramos Padilla lo desvinculó de la investigación, pero no aclaró que se trata de una causa vinculada al falso abogado Marcelo D'Alessio. Es decir: la aclaración corresponde a otra causa distinta. En la causa Cuadernos, que es donde Cristina lo mencionó, nadie lo desvinculó formalmente.

Así, el episodio deja varias lecturas. Cristina lo puso en escena. Sáenz respondió para defenderse. Y en el camino quedó expuesta otra cosa: la tregua política que parecía existir en Salta ya no está tan clara. Algo cambió. Y se empezó a notar.

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