El tren de los egos: Petovello pasó por Salta y todos quisieron subirse

Política26/08/2026 Circo sin pan

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El paso por Salta de la ministra de Capital Humano, Sandra Petovello, tuvo una particularidad que terminó siendo casi tan llamativa como el propio Tren 25 de Mayo: la desesperación de buena parte de la dirigencia local por subirse a un escenario dantesco.

La formación, integrada por 11 vagones y destinada a acercar distintas propuestas, servicios y prestaciones a las comunidades que visita, fue presentada con una épica política que difícilmente se corresponda con la naturaleza del operativo, porque, aunque el tren pueda resultar útil para concentrar y acercar trámites y servicios, buena parte de los organismos que lo integran ya tienen presencia en el territorio.

Sin embargo, la llegada de Petovello pareció transformar una herramienta itinerante en una especie de acontecimiento espectacular por la desesperación de querer figurar. Y allí apareció la política, o más bien, los políticos.

Dirigentes, funcionarios, legisladores, alcahuetes y representantes locales se multiplicaron alrededor de la ministra. Todos parecieron encontrar una razón para estar allí, saludar, acompañar, presentar, explicar o simplemente aparecer en la fotografía. 

Lo vivido alrededor de los once vagones, mostraron una escena que permite una lectura incómoda pero real: cuando una dirigencia tiene un programa con obras y transformaciones propias para mostrar, una visita institucional es una actividad más. En cambio, cuando la vidriera está vacía, cualquier presencia nacional puede convertirse en una oportunidad para ocuparla.

Petovello, además, no es una funcionaria más. Su llegada tiene peso político dentro del Gobierno de Javier Milei y también una fuerte carga mediática por las controversias que acompañan su gestión. Por eso, acompañarla no es solamente acompañar un operativo: también supone intentar capitalizar parte de su exposición, y allí comenzaron los egos.

Quién recibe. Quién acompaña. Quién habla. Quién aparece. Quién consigue la foto. Quién puede decir que estuvo junto a la ministra. Quién logra convertir un operativo nacional en un logro propio. Mientras, el Tren siguió siendo lo que es: una formación que recorre distintas localidades acercando prestaciones y servicios que ya se prestan. Más de lo mismo.

Pero el problema no está necesariamente en el tren. El problema aparece cuando la política necesita vender como una gran transformación aquello que, en realidad, debería ser una prestación más dentro de una presencia estatal permanente y cercana.

Quizás por eso la llegada de Petovello terminó revelando algo que no estaba previsto en ninguno de los 11 vagones: una dirigencia demasiado preocupada por subirse a la foto porque cuando no abundan las obras para mostrar, hasta un tren puede convertirse en una estación de egos.

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