El mapa de la desidia: el croquis de la contaminación avícola que asfixia a los vecinos de El Encón

Alza tu voz05/06/2026 Gallineros contaminantes
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La última y demorada clausura judicial ejecutada por la Fiscalía y la Policía Rural contra la granja de JP Paris desnudó una realidad que los vecinos del Valle de Lerma vienen denunciando en soledad: el pueblo está literalmente sitiado por el guano y la ilegalidad.

Un relevamiento cartográfico y ambiental de la zona demuestra que El Encón y sus barrios linderos se han transformado en una "zona de sacrificio" tolerada por la gestión del intendente de Campo Quijano, Lino Yonar. A continuación, trazamos el croquis de los tres principales focos infecciosos que amenazan la salud, el agua y el suelo de la comunidad.

El ejido urbano sitiado (Granja JP Paris)

Ubicada de manera provocadora en pleno corazón de El Encón, a escasos metros del Centro de Salud, el destacamento policial y el jardín de infantes, esta planta de Juan Francisco Paris personifica el desprecio por la convivencia comunitaria.

La reciente inspección fiscal constató un desastre sanitario puertas adentro: un pozo de tratamiento de heces y guano completamente desbordado que filtra efluentes orgánicos pesados de forma directa hacia las napas freáticas de las que se abastece la población. Como si fuera poco, se corroboró la existencia de una perforación clandestina para extraer agua subterránea sin autorización hídrica, todo mientras la firma operaba con la habilitación vencida y construía silos de alimento burlando las sucesivas fajas de clausura. El resultado diario para los vecinos: nubes de moscas y un olor nauseabundo que impide ventilar las casas y las aulas.

La amenaza a unas cuadras (Granja "La Montaña")

Desplazándose hacia la zona alta de El Encón Grande, el peligro corre por cuenta de la Granja "La Montaña", emplazada sobre la ladera de Cerro Dávalos. El acceso a este gigante avícola se realiza a través de la Ruta Provincial N.º 93-S (frecuentemente señalada en mapas virtuales como traza secundaria o colectora hacia la zona de los diques).

Allí, el riesgo ambiental se potencia por la geografía: la empresa acumula más de una hectárea de guano a cielo abierto en plena pendiente. Durante la temporada de lluvias, se produce un devastador "efecto de escorrentía": el agua arrastra la mezcla de desechos avícolas cerro abajo, contaminando de manera directa las acequias y los canales de riego superficiales, para terminar inundando con agua servida los patios de las viviendas situadas en la base de la cuenca.

El cinturón clandestino (La Alborada, San Antonio y Los Robles)

El cerco sanitario se completa en la periferia de El Encón, afectando a los loteos y asentamientos de los barrios La Alborada, San Antonio y Los Robles. En este sector prolifera un cinturón de criaderos clandestinos de cerdos y parajes avícolas que operan al margen de cualquier control bromatológico municipal.

La afectación nocturna en estos barrios es crítica debido a la quema ilegal de biomasa: para deshacerse de los animales muertos (gallinas y chanchos), los encargados utilizan neumáticos como combustible, generando densas columnas de humo negro altamente tóxico que invaden los hogares a la madrugada. Este foco se complementa con brotes recurrentes de moscas y alarmas vecinales por casos de salmonella debidos a la nula gestión de los residuos biológicos.

¿Una clausura que frena el mapa o un nuevo papel mojado?

Este croquis demuestra que la problemática de El Encón no se reduce a una sola empresa rebelde, sino a un modelo de descontrol tolerado por el municipio de Campo Quijano, cuyos abogados y concejales mantuvieron los expedientes archivados durante años. Mientras los vecinos se debaten entre la cautela y el escepticismo tras la última intervención de la Policía Rural, el mapa de la contaminación sigue activo, alterando las napas y el aire de un pueblo que exige soluciones definitivas y no cierres de cotillón que se rompen a la semana siguiente.

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