Pensando el autismo desde Salta

02/04/2024 redaccion
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Hace 17 años, la ONU estableció el Día Mundial sobre la Concientización del Autismo. Como cada 2 de abril, las instituciones y personas comprometidas con esta condición, llevan a cabo diferentes actividades y campañas con el objetivo de generar conciencia sobre la importancia de la intervención temprana y la inclusión de las personas con TEA. En este marco, la Coordinación de Educación Especial de la Provincia, comparte una reflexión de Celina Guantay Briones, Licenciada en Terapia Ocupacional y Magíster en Educación.

Este artículo es una invitación para reflexionar sobre la necesidad de una revisión íntegra de los modos de pensar y abordar el autismo, a pensar posibles intervenciones que posibiliten a las personas la oportunidad de expresar su propia individualidad, pretendiendo cuestionar la propensión a estigmatizar a los individuos, proponiendo en su lugar, como expresa Esteban Levin, rescatar al sujeto. 

Para este autor lo que se excluye es el sujeto que hay en todo desarrollo y en todo niño y es nuestro reto no caer en la trampa que la modernidad y rescatar al sujeto, ya que si el sujeto es estigmatizado, marcado como “deficiente”, como “patología orgánica”, no sólo tiene una imagen del cuerpo desde donde re-conocerse, sino que el órgano desprendido de la subjetividad rompe y cuestiona el universo imaginario, no brota así la imagen sino el órgano anulando el campo simbólico. Es imprescindible tomar conciencia de que son justamente estos estigmas, estás marcas las que fragmentan y rompen su imagen quedando no sólo estigmatizado el cuerpo sino además la mente. 

Como expresa Esteban Levin, “muchas veces, el niño y su problemática sea cual sea el origen causal, es contemplado, pensado como marca categorial. La singularidad de su historia, del nombre propio se pierde carcomido en función de la categoría clasificatoria a la cual pertenece. De este modo, el diagnóstico actúa con la propia metodología y en la práctica, el método anula y no soporta lo imprevisible, el azar, el sin sentido y en definitiva el acontecimiento. Para ello, determina y dicta reglas, legalidades y deberes (para los padres, para el niño y el establecimiento escolar) que definen a qué y cómo jugar, estimular, trabajar, leer, etc. Al nominarlos en la discapacidad inalterable y fija, se realiza la crueldad de quien supone tener la verdad y con esa certeza deja de lado lo extraño, lo singular, la heterogeneidad de cualquier experiencia subjetiva que produce plasticidad”.

 “Lo que nos dice Foucault es que, cuanto mayor sea la obviedad, mayores razones hay para problematizarla (…) Problematizar no es, solamente –sería demasiado fácil- conseguir que lo no problemático se torne problemático, es algo aún más importante que esto, porque problematizar es también, y sobre todo, lograr entender el cómo y el por qué algo ha adquirido su estatus de evidencia incuestionable, cómo es que algo ha conseguido instalarse, instaurarse, como a problemático. Lo fundamental de la problematización consiste en desvelar el proceso a través del cual algo se ha constituido como obvio, evidente, seguro” (Ibáñez, 1996, p.54)

La etiqueta de enfermo le quita a la persona su identidad, cuando la palabra diagnóstica nombra al sujeto y cuando pretende representarlo violenta su realidad. Aurora Ayciriex y Victoria Moretti proponen rescatar el diagnóstico como acontecimiento de apertura y no de cierre, traspasar, quebrantar su valor incuestionable y su uso hermético para querer de él un acontecimiento ético, que respete y proteja lo indescifrable del otro, para explorar otras posibilidades y descubrir otros horizontes. 

Como profesionales comprometidos en crear contextos educativos ajustados a los niveles de desarrollo de cada niño debemos entender, según Esteban Levin, que “la  peor trampa para un educador o para un terapeuta es haber eliminado su propia ignorancia, su propia capacidad de sorprenderse (pues ya sabe lo que tiene que hacer y lo que va a pasar con ese sujeto); eliminar sus propias dudas, sus propios equívocos; eliminar el malentendido, el absurdo, el sin sentido, lo inesperado y el misterio y, entonces, resguardarse en la técnica, en la estimulación o en la pedagogización.” 

La historia escrita aquí (Fronteras) pretende “poner en palabras” sentimientos, emociones, pensamientos, que conforman las experiencias y la identidad de los sujetos que son los protagonistas de esta narración y asimismo tienen el propósito de prestarles palabras. Espero que esta historia permita abrir un espacio de intercambio de experiencias que nos lleven a brindar respuestas más flexibles y creativas al desafío de la diversidad.

Citando a Anthony De Mello: “En cierta ocasión se quejaba un discípulo a su Maestro: Siempre nos cuentas historias, pero nunca nos revelas su significado» El Maestro le replicó: «¿Te gustaría que alguien te ofreciera fruta y la masticara antes de dártela?”.

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