
El colapso de SAETA no tiene freno | Se acaba el gasoil y peligran los colectivos durante el día
02/06/2026


El colapso del sistema de transporte público en Salta entró en una fase de extrema gravedad que amenaza con paralizar por completo la rutina del área metropolitana. A la drástica suspensión del servicio nocturno que ya rige en la provincia, ahora se suma una alerta alarmante por parte del sector empresario: las reservas de gasoil están al límite debido a una millonaria deuda que SAETA mantiene con las empresas concesionarias. Si el flujo de fondos y el abastecimiento de combustible no se normalizan de manera urgente, la crisis desbordará el horario de la madrugada y comenzará a recortar las frecuencias diurnas habituales, dejando a la provincia al borde del aislamiento urbano.
La soga financiera terminó por asfixiar la operatividad de las empresas prestadoras, las cuales denunciaron que los severos atrasos en los pagos por parte del Estado provincial les impiden comprar el combustible mayorista necesario para mover las flotas. Actualmente, las unidades de todas las líneas circulan utilizando reservas críticas, un escenario de extrema precariedad que expone el rotundo fracaso de la política de transporte local.
El panorama actual del transporte expone un sálvese quien pueda donde el usuario es el único rehén. Por el momento, el ajuste principal se tradujo en el recorte nocturno, una suspensión total del servicio de SAETA en todo el área metropolitana que paraliza los viajes entre las 23:30 y las 5:30 de la madrugada. Sin embargo, la tregua diurna tiene las horas contadas. El riesgo de que la crisis impacte directamente en el día es inminente: de no mediar una solución financiera inmediata, las empresas comenzarán a guardar unidades en los galpones, lo que provocará un derrumbe en la cantidad de coches circulantes y demoras interminables en las paradas durante las horas pico.


Ante este panorama de incertidumbre total, las recomendaciones oficiales rozan el absurdo, trasladándole la responsabilidad del caos al propio ciudadano. Las autoridades aconsejan a los vecinos salir de sus casas con mayor anticipación y chequear en tiempo real el estado de las unidades para evitar largas esperas en la vía pública, sugiriendo verificar la ubicación de los coches a través de la aplicación de SAETA o el portal de noticias El Tribuno. Una respuesta burocrática que no soluciona el problema de fondo de los usuarios que ven vulnerado su derecho a la movilidad.
La crisis del transporte en Salta desnudó, una vez más, la matriz más injusta y desigual de las políticas de ajuste: el hilo siempre se corta por el lado de los menos pudientes. Quienes toman las decisiones en los despachos oficiales de SAETA o en las oficinas gubernamentales no sufren las consecuencias del colapso porque se trasladan en vehículos oficiales o particulares con chofer.El ensañamiento tarifario y la quita de frecuencias recae de forma exclusiva sobre la espalda del laburante, del estudiante que busca progresar, del personal de salud que cubre guardias y de los sectores vulnerables que no tienen otra alternativa para subsistir que el transporte público.
Suspender el servicio nocturno no es un simple dato estadístico; es condenar al empleado gastronómico a gastar medio sueldo en un remís ilegal para volver a su casa, es obligar al trabajador de seguridad a caminar por barrios oscuros exponiendo su integridad, y es empujar al estudiante vespertino a abandonar las aulas. Que ahora también peligre el servicio diurno demuestra el desprecio absoluto por la fuerza laboral que mueve a la provincia. Mientras el Gobierno subsidia y perdona deudas a grandes corporaciones, a la gente de a pie se le exige "paciencia" y que "salga más temprano" para esperar un colectivo que quizás nunca pase. El sistema de transporte salteño no está sufriendo un accidente; está siendo vaciado por un modelo político que entiende la movilidad como un negocio empresarial y no como un derecho humano básico.




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