Corso 2026: Huayra se baja y expone una grieta cultural en los corsos capitalinos

05/01/2026
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La Agrupación Cultural Huayra, con 32 años de trayectoria ininterrumpida en los corsos capitalinos, anunció su decisión de no participar del Corso 2026 en la categoría Comparsa Salteña. La determinación no responde a un repliegue artístico, sino a una serie de objeciones al nuevo reglamento que, según advierten, pone en tensión el sentido cultural, identitario y comunitario de una de las expresiones más profundas del carnaval salteño.

Desde 1995, Huayra construyó una propuesta con identidad propia dentro de los corsos, incorporando danzas y ritmos de las Comunidades Originarias —como huaynos, pim pim y la danza del suri— integrados a las coplas y expresiones tradicionales de las comparsas. Ese trabajo, sostenido durante más de una década, requiere necesariamente de recursos técnicos para amplificar instrumentos y reproducir pistas musicales. Sin embargo, el nuevo reglamento establece elevados costos obligatorios para la contratación del sistema de sonido por jornada, un punto que la agrupación considera excluyente para proyectos culturales autogestivos.

Pero el malestar no se agota en lo económico. Otro de los artículos del reglamento fija como condición para participar el haber obtenido premios en instancias competitivas previas y contar con una determinada antigüedad. No obstante, Huayra advierte que se habilitó la inscripción de agrupaciones conformadas durante 2025, lo que —según señalan— contradice los propios requisitos establecidos. La inquietud fue planteada ante las autoridades correspondientes, aunque hasta el momento no hubo respuestas formales.

El comunicado deja entrever un problema de fondo: ¿qué lugar ocupan hoy los proyectos culturales con identidad, historia y arraigo comunitario dentro de los corsos? ¿Se prioriza la competencia, la estética uniforme y la lógica del espectáculo por sobre los procesos culturales sostenidos en el tiempo?

Huayra no es una comparsa más. Mantiene desde hace 32 años el mismo nombre, la misma denominación y una línea de trabajo comprometida con la revalorización de los orígenes, la transmisión intergeneracional y la contención cultural. Su ausencia en el Corso 2026 no pasa desapercibida: es una señal de alerta sobre el rumbo que están tomando las políticas culturales vinculadas al carnaval.

Lejos de abandonar su proyecto, la agrupación reafirma su decisión de seguir defendiendo su identidad cultural y de continuar generando espacios de participación para distintas generaciones, como lo hace desde 1995. La pregunta queda abierta para la comunidad y para quienes organizan: ¿qué carnaval se quiere construir y a quiénes deja afuera?

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