---
canonical_url: "https://eltinterodesalta.com/contenido/9520/trapitos-pobreza-y-castigo-rechazo-a-la-reforma-contravencional-que-avanza-en-sa"
title: "Trapitos, pobreza y castigo: rechazo a la reforma contravencional que avanza en Salta"
article_type: "Article"
main_image: "https://eltinterodesalta.com/download/multimedia.normal.a6893ce3754520a0.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp"
date_published: "2026-03-22T10:49:00-03:00"
date_modified: "2026-03-22T11:19:02-03:00"
tags:
  - "Diputados"
  - "Reforma contravencional"
  - "Salta"
author_name: "Estigmatización de la pobreza"
---

# Trapitos, pobreza y castigo: rechazo a la reforma contravencional que avanza en Salta

**La Red contra la Violencia Institucional pidió en Diputados frenar el tratamiento del proyecto y abrir el debate. Denuncian que la iniciativa criminaliza la exclusión social con multas impagables y arrestos directos.**

En Salta, una vez más, la política parece haber encontrado un enemigo perfecto: pobre, visible, sin poder y sin defensa. El proyecto de reforma del Código Contravencional que ya pasó por el Senado y ahora espera tratamiento en Diputados se presenta como una respuesta a los reclamos contra los trapitos, pero lo que realmente expone es otra cosa: la decisión de castigar con más dureza a quienes sobreviven en la calle que a quienes cometen faltas objetivamente más graves. La Red contra la Violencia Institucional lo dijo sin rodeos ante la Cámara baja: no se trata de una norma para ordenar la ciudad, sino de una avanzada discriminatoria e inconstitucional.

El corazón del proyecto es brutal en su lógica y obsceno en sus prioridades. Castiga con multas y arresto a quienes pidan dinero por cuidar autos sin autorización, incluso cuando el solo hecho de “pedir” ya configura la contravención. Pero además lo hace con penas que duplican o superan a las previstas para agresiones físicas, ruidos molestos, expendio de alcohol a menores o situaciones edilicias que ponen en peligro la vida de las personas. La comparación no es menor: deja al desnudo que en Salta hay faltas de ricos y faltas de pobres, y que para estas últimas siempre está disponible el garrote. El mensaje del poder es claro: molesta más el pobre que pide dos mangos en la calle que otras conductas con riesgo real sobre terceros.

La parte más alarmante del proyecto es la habilitación del arresto efectivo para trapitos en zonas aledañas a parques, paseos públicos o eventos masivos, en un radio de hasta 20 cuadras y durante horas enteras antes y después de cada actividad. Traducido al castellano más crudo: el Estado quiere garantizar que los sectores acomodados puedan ir tranquilos a comer, pasear o asistir a un espectáculo sin cruzarse con el rostro incómodo de la exclusión. La paz social, así entendida, no es otra cosa que la limpieza humana del espacio público. No hay allí política social, ni abordaje de consumos problemáticos, ni inclusión laboral, ni reparación: hay encierro como respuesta rápida para que la marginalidad deje de verse.

Como si eso fuera poco, las multas pueden llegar a cifras absurdas, hoy equivalentes a más de 800 mil pesos, calculadas además sobre el valor de la nafta. Es decir, el sistema diseña sanciones imposibles de pagar para personas que viven de la changa, la calle y la intemperie. No busca corregir una conducta: busca hundir más al hundido. Por eso la Red advierte que la reforma vulnera principios básicos del derecho y de los tratados internacionales de derechos humanos: igualdad, proporcionalidad, razonabilidad, no discriminación. En términos políticos, lo que está en juego es mucho más que una falta callejera: es el modelo de ciudad y de sociedad que ciertos sectores quieren imponer con aplauso de una parte del sentido común.

Porque esta reforma no nace de la nada. Es hija de una época donde crecen el individualismo, la intolerancia y la idea de que todo conflicto social se resuelve con policía, castigo y mano dura. Una época en la que muchos prefieren no preguntarse por qué alguien termina pidiendo plata en la calle, sino exigir que lo saquen de la vista. Y una época, también, en la que nunca faltan gobernadores, intendentes, legisladores o concejales dispuestos a escuchar ese reclamo y convertirlo en ley. A los otros, a los nadies, a los que molestan porque recuerdan que debajo del relato del progreso hay abandono, consumo, hambre y exclusión, casi nunca se los escucha. Por eso el pedido de audiencia que hizo la Red en Diputados no es un trámite menor: es la disputa por romper esa doble vara que siempre cae sobre el mismo cuerpo, el cuerpo del pobre.

---

*Contenido creado y optimizado para IA con [Medios CMS](https://medios.io)* — Plataforma profesional para la gestión de medios digitales y portales de noticias.
