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title: "Davos y el fin del orden global: las potencias medias buscan resistir la presión de las superpotencias"
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tags:
  - "Davos"
  - "geopolítica"
  - "Suiza"
  - "Superpotencias"
author_name: "Geopolítica"
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# Davos y el fin del orden global: las potencias medias buscan resistir la presión de las superpotencias

![FX2OHADVLFFQZI56LSYMDNGDCY](/download/multimedia.normal.a49fea83fdf48557.bm9ybWFsLndlYnA=.webp)

**La intervención del primer ministro canadiense Mark Carney en el Foro Económico Mundial de Davos dejó una definición que resuena con fuerza en la diplomacia internacional: el llamado “orden internacional basado en normas” está prácticamente muerto.**

La afirmación no solo expone un diagnóstico compartido en voz baja por muchas cancillerías, sino que marca un punto de inflexión en la manera en que los Estados medianos entienden su rol en un mundo crecientemente dominado por la coerción de las grandes potencias.

Carney sostuvo que los acontecimientos recientes —guerras prolongadas, sanciones económicas cruzadas, bloqueos comerciales, presiones financieras y disputas tecnológicas— evidencian que las reglas multilaterales surgidas tras la Segunda Guerra Mundial ya no funcionan como dique de contención frente a los intereses estratégicos de las superpotencias. En ese escenario, países como Canadá enfrentan una disyuntiva: adaptarse pasivamente a la lógica de imposición o construir nuevas alianzas defensivas entre potencias medias.

El diagnóstico de Carney se inscribe en un contexto internacional marcado por la erosión de los organismos multilaterales. Naciones Unidas aparece paralizada por vetos cruzados; la Organización Mundial del Comercio pierde capacidad de arbitraje; y los acuerdos climáticos, financieros y de seguridad se aplican de forma selectiva según la conveniencia de los actores más poderosos.

Estados Unidos, China y Rusia disputan áreas de influencia mediante herramientas que exceden lo militar: control de cadenas de suministro, dominio tecnológico, sanciones financieras, endeudamiento externo y presión diplomática directa. En ese tablero, las reglas ya no garantizan previsibilidad, sino que funcionan como instrumentos flexibles al servicio del poder.

Frente a este escenario, Carney planteó que las potencias medias —Canadá, países europeos no hegemónicos, economías avanzadas de Asia-Pacífico y algunas naciones emergentes— deben abandonar la expectativa de protección automática por parte del sistema internacional y avanzar hacia alianzas estratégicas más pragmáticas.

No se trata, según su planteo, de confrontar directamente a las superpotencias, sino de reducir la vulnerabilidad colectiva ante las tácticas de presión e intimidación. Esto incluye cooperación en comercio, energía, defensa tecnológica, finanzas y seguridad, así como una mayor coordinación política frente a crisis globales.

Las palabras del primer ministro canadiense reflejan una tendencia más amplia: el mundo avanza hacia una fragmentación del orden global en bloques superpuestos, menos ideológicos y más funcionales. Las alianzas ya no se definen exclusivamente por valores compartidos, sino por intereses concretos y amenazas comunes.

En este contexto, la neutralidad se vuelve cada vez más difícil de sostener, y la autonomía estratégica se transforma en un objetivo central para muchos Estados. El resultado es un sistema internacional más inestable, donde la cooperación convive con una competencia permanente y donde las reglas dejan de ser universales para convertirse en negociables.

Que este diagnóstico se exprese en Davos no es menor. El foro, históricamente asociado a la globalización liberal y al consenso entre elites económicas y políticas, funciona hoy como un termómetro del agotamiento de ese modelo. La advertencia de Carney confirma que incluso dentro de los espacios tradicionales del poder global se reconoce que la etapa de estabilidad relativa ha quedado atrás.

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