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«Como que me voy como que me vengo, me voy a caer si no me sostengo»

Fragmento de la famosa zamba de Los Chalchaleros, “El mareao”, sirve para graficar en buena parte el circo que significó la -grave- acusación de Orozco al ministro Cornejo, que habló por cuanto medio pudo sobre su renuncia, la cual, quedó solo como anécdota.

Un circo, con todo el respeto que se merece tan noble arte y oficio, es lo que se montó -durante el martes y miércoles de esta semana- entre un diputado, un ministro y el gobierno de Salta.

Primero fue el exjefe de la Brigada de Investigaciones de Rosario de la Frontera, devenido en político, Gustavo Orozco, quien acusó en la sesión legislativa del martes -sin pruebas ni fundamentos- al Ministro de Seguridad y Justicia del gobierno de Sáenz de tener varias denuncias en su contra, entre ellas una por «abuso contra una mujer».

El miércoles, Abel Cornejo, funcionario acusado gravemente, aprovechó un acto oficial para deslindar ante los medios presentes que renunciaba al ministerio por dos cuestiones puntuales, entre las cuales evitó responder sobre los dichos de Orozco: primero apuntó a los diputados oficialistas por la falta de acompañamiento ante semejante acusación; y segundo, a la justicia que él mismo representó tanto tiempo.

Sobre el primer punto Cornejo dejó en claro que no se sintió acompañado por las y los diputados alineados al gobierno provincial ante «la sarta de disparates que dijo el diputado. Si uno integra un equipo de Gobierno, mínimamente los diputados que integran ese proyecto tienen que decir algo», esbozó Cornejo sobre el rol pobrísimo de los legisladores saencistas.

Luego, y no menos llamativo, es el rol de quienes administran el Poder Judicial de Salta. Al respecto señaló que le «llama la atención que la justicia no diga nada, sobre todo, de alguien que tiene un cúmulo de causas por torturas, amenazas, violencia de género» y calificó al legislador como «prófugo de la justicia» por las 37 causas que carga.

Estos dos puntos fueron, a viva voz de uno de los protagonistas, los causales de su renuncia, a la cual no calificó de «indeclinable» porque según él «los hombres de bien no necesitan utilizar esa palabra, solo renuncian».

Sin embargo, en horas de la tarde del mismo día, se supo que Cornejo desistió de la misma tras reunirse con Gustavo Sáenz y faltar a su propia palabra. «Por un tiempo voy a seguir a su pedido (de Sáenz) para que haya una transición ordenada y no hacer daño», manifestó a El Tintero de Salta escuetamente. Ante la repregunta de si mantenía firme la postura de renuncia, solo hubo silencio.

Fuentes del Ministerio Público Fiscal aseguraron a este medio que hasta la fecha no hay registrada en el sistema ninguna denuncia de ese tenor. De igual modo señalaron que serviría mucho para la búsqueda, tener el nombre del o la denunciante.

Lo que queda claro es que el escenario político de Salta atraviesa por uno de los peores momentos de su historia, en dónde el debate político, las ideas y los proyectos brillan por su ausencia y cada personaje con cargos elevados solo actúa preservando el lugar que posee.

Mientras, la sociedad salteña, en su mayoría, piensa cómo hacer para poner un plato de comida en su mesa cada día, sufre de impotencia al informarse sobre muertes de niños por hambre y falta de agua, y mira atónita el circo que le imponen día a día.




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