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Sin agua y con calor, efectos del cambio climático en la región

Falta de provisión de agua y olas de calor extremo son titulares en muchos de los medios de información, pero al mismo tiempo vemos solo recomendaciones inmediatas y a una escala diaria sobre el consumo de líquidos y comidas livianas, como cuidar a niños y mascotas o como usar correctamente el bloqueador solar. Aunque son recomendaciones útiles e importantes, es muy poco lo que se escribe sobre las posibles causas de estos fenómenos y las interrelaciones con patrones de cambio climático y políticas de consumo humano.

Escriben Mariana Chanampa y Enrique Derlindatti

Primero tenemos que entender el contexto regional, cuando digo regional me refiero a América del Sur y no al NOA que es un agrupamiento más político y económico. Porque hago una aclaración sobre esto, estamos acostumbrados a solo valorar procesos políticos, sociales o económicos pero nos olvidamos que todos estos dependen de una matriz ambiental que condiciona, regula y responde a estos procesos. Los ecosistemas muestran funciones y procesos que se modifican cuando diferentes variables cambian.

Bueno, después de esta pequeña introducción (es un tema sumamente complejo, difícil de simplificar) vamos al grano. A escala regional el clima muestra una marcada variabilidad interanual, una de las fuentes más importante de esta variabilidad es el fenómeno conocido como el Niño (ENOS para los angloparlantes – El Niño Southern Oscillation), que es mucho más fuerte en los meses del verano austral. Uno de los elementos sobre el que el Niño impacta fuertemente es la frecuencia e intensidad de las precipitaciones, llevando los patrones de precipitación estacional de un extremo a otro. Aquí es donde el cambio climático asociado al aumento de la emisión de gases de efecto invernadero, que a su vez responde al aumento de superficies desmontadas para la producción agroganadera industrial, muestra su mayor impacto.

En este punto es donde todo comienza a ser más difícil y preocupante. Sabemos que el efecto del cambio climático en términos generales es negativo, pero el hecho de que simultáneamente sigan ocurriendo grandes transformaciones de los ecosistemas sudamericanos (por ende salteños) a tasas nunca antes vistas, genera una gran incertidumbre sobre los cambios proyectados a través de modelos climáticos para la mayoría de las regiones del subcontinente.

A pesar de este inconveniente, los modelos para el sureste de América del Sur y el sur de los Andes muestran mayores consistencias; aquí podemos concluir que el cambio climático aumentará la variabilidad natural de la precipitación estacional asociada con el Niño. Esto significa que los años secos y calurosos serán aún más secos con sequías extremas y los años lluviosos mostrarán eventos de precipitaciones más violentos. Estos extremos se traducen en lo que cotidianamente percibimos como falta de agua y olas de calor por un lado, e inundaciones y granizo por el otro.

Entonces surge naturalmente la pregunta, ¿podemos hacer algo para mitigar los efectos del cambio climático? La respuesta es compleja, pero en principio es un rotundo sí, la clave es cómo. El cómo nos incluye como sociedad, de manera colectiva, por lo tanto implica el desarrollo de políticas públicas desde el estado (recordemos que nosotros como ciudadanos también somos estado).

Estas políticas públicas deben incluir bases científicas y proyecciones a largo plazo y en el caso de nuestra región tener en cuenta las oscilaciones del Niño, por ejemplo. Tampoco deben reducir el problema a cuestiones inmediatas y coyunturales resolviendo solo infraestructura o problemas estructurales, sino apuntando a las causas subyacentes, pensar en ordenamiento y planificación del uso de la biodiversidad y sus servicios como la provisión de fuentes de agua.

Desarrollar un plan productivo y de desarrollo territorial teniendo en cuenta las limitaciones ambientales de nuestros ecosistemas, no implementar “soluciones mágicas” que funcionan en otros ámbitos económicos y socioambientales sin una previa revisión profunda desde lo técnico.

Informarnos más como sociedad, conociendo podemos reclamar con fundamentos y desarrollar soluciones reales en un contexto propio.

Como podemos ver, la problemática actual es solo la punta del ovillo pero por lo menos tenemos un extremo, desenmarañando y desenrollando el problema nos podremos mover por el laberinto y, quizás, como en el mito de Teseo y el Minotauro, salir indemnes frente al peligro y la incertidumbre.




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