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Los lápices siguen escribiendo por un mundo más justo

El secuestro y desaparición de las y los adolescentes en el ‘76 buscaba acabar con su lucha, pero pasó lo mismo que con todos aquellos que se convirtieron en semilla, florecieron en las generaciones futuras, que aún levantan las mismas banderas por un mundo mejor. 

Por Natalia Fernández

El 16 de septiembre nos marcó como país y pasó a la historia como “La Noche de los Lápices”. La fatídica noche quedó en la memoria nacional y la lucha y militancia de los adolescentes desaparecidos y torturados por los genocidas que llevaron adelante el Proceso de Reorganización Nacional, es recuperada, cada vez con más fuerza por los movimientos estudiantiles. 

La noche del 16 de septiembre de 1976, en La Plata, fueron secuestrados y desaparecidos por las Fuerzas de Seguridad de sus respectivos domicilios 16 jóvenes que tenían entre 14 y 18 años. Entre ellos estaban Horacio Angel Ungaro, Daniel Alberto Rasero , Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone , Victor Triviño, Claudio De Acha, María Clara Ciocchini. Tres pudieron recuperar su libertad. 

De acuerdo a las investigaciones realizadas por la CONADEP, y testimonios obrantes en la misma, los adolescentes secuestrados habrían sido asesinados después de padecer tormentos en distintos centros clandestinos de detención, entre los que se encontraban: Arana, Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes, Jefatura de Policía de la Provincia de Buenos Aires y las Comisarías 5a., 8a., y 9a. de La Plata y 3a. de Valentín Alsina, en Lanús, y el Polígono de Tiro de la Jefatura de la Provincia de Buenos Aires. De hecho, por el testimonio del sobreviviente Pablo Díaz se pudo saber que Victor Treviño estuvo con vida el 22 de septiembre de 1976 en el Centro Clandestino de Detención Arana y a María Claudia Falcone la vio por última vez; después de compartir con ella varios meses de cautiverio, el 28 de diciembre del mismo año en Banfield. También vio en este mismo centro a Claudio De Acha, a un joven apodado «Colorado», todos ellos estudiantes secundarios vinculados entre sí, como asimismo a numerosas personas, entre ellas a tres mujeres embarazadas que dieron a luz en el lugar.

El secuestro de adolescentes no fue azaroso o excepcional, fueron más de 200 los adolescentes desaparecidos. En Bahía Blanca también hubo grupos de estudiantes secundarios secuestrados. Alicia Mabel Partnoy, en su testimonio (Legajo N° 2266) nos cuenta al respecto: “Cuando llegué a «La Escuelita» (Centro clandestino de detención), había alrededor de una docena de jóvenes de 17 años, todos alumnos de la Escuela Nacional de Educación Técnica N° I de Bahía Blanca. Habían sido secuestrados de sus domicilios en presencia de sus padres, en la segunda mitad de diciembre de 1976. Algunos llegaron a estar ahí por un mes, siendo duramente golpeados y obligados a permanecer tirados en el piso con las manos atadas en la espalda. Por lo menos dos de ellos fueron torturados con picana eléctrica. Posteriormente fueron liberados. El motivo de.sus secuestros fue un incidente que habían tenido con un profesor (militar de la marina). Al finalizar las clases, había un clima de alegría en la escuela; el citado profesor los apercibió por el bullicio y los alumnos no se sometieron a sus órdenes. Por ese motivo, los expulsó de la escuela. Los padres de los alumnos elevaron protestas a las autoridades militares y pidieron la reincorporación de los estudiantes. Las autoridades les «advirtieron» que finalizaran con sus pedidos «o se arrepentirían». Días más tarde, grupos de encapuchados fuertemente armados irrumpieron en los domicilios de los estudiantes, secuestrándolos”.

Las órdenes de detención habían sido libradas por el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército​ y llevaban las firmas de Fernández y del coronel Ricardo Eugenio Campoamor, jefe del Destacamento de Inteligencia 101. Lo más llamativo de las mismas es que, en todos los casos, se les asignó grado de peligrosidad mínimo a los estudiantes. Los secuestros fueron llevados a cabo por miembros de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, dirigida en aquel entonces por el general Ramón Camps y Miguel Etchecolatz.

La lucha de los adolescentes es recordada y reivindicada por los movimientos sociales y políticos de derechos humanos. Además, su bandera es levantada por una marea cada vez más fortalecida de adolescentes que irrumpen en las calles y en la política, tomando un lugar importante en las luchas sociales como la exigencia de la implementación de la ley de educación sexual integral del aborto o la ley de interrupción voluntaria del embarazo. 

En Salta, la organización de las y los adolescentes busca avanzar en la agenda educativa, pero tienen como principal objetivo que se cumpla con la ley que les permite constituir centros de estudiantes en los colegios de la provincia. 

Los lápices continúan escribiendo, continúan haciendo historia y por sobre todo continúan con la lucha por un mundo sin excluidos ni explotados.




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