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Elecciones en agosto | Cuidando los intereses del feudo

Un inocente Wado De Pedro se animó a decir en el Senado de la Nación que Salta lo acompañaría en la propuesta de unificar elecciones. No tuvo en cuenta que los intereses localistas son más fuertes y que la Provincia vive un microclima que muy difícilmente se pueda cortar en lo inmediato.

Finalmente las elecciones de julio pasaron para el 15 de agosto. Como decíamos desde estas páginas, en la mente de los armadores saencistas pesaron más los cálculos electorales que los resguardos sanitarios.

Bien mirada la cosa, la discusión que se genera a partir de este hecho es hasta absurda: mientras los críticos de la nueva fecha digan que la pandemia todavía estará pegando duro y los saencistas digan que hasta agosto las cosas mejorarán, ambos olvidan que, en realidad, no existen motivos de interés público para no unificar los comicios locales con los nacionales. Estamos entonces ante la más pura y dura especulación política, sea en julio o agosto.

Ocurre que, con más de mil candidatos para los próximos comicios, las elecciones salteñas tienen una dinámica propia que escapa a la nacional. No se trata de que la provincia sea de porte grande, ni en lo poblacional ni en lo económico, de hecho, Salta recibe más del 90 por ciento de los recursos desde nación. El problema está, por el contrario, en que la política local ha dejado de aspirar a otra cosa que a la dádiva nacional, al tiempo que ese vacío ha socavado las estructuras de los otrora grandes partidos y ha producido una diáspora oportunista que no tiene fin: todos creen que pueden tener su sello y hacer progresar su estructura.

Muchos son los que quieren protagonismo en la puesta en escena localista, en ese simulacro de exposición de propuestas que se montará en unos días.

Y ese panorama obviamente choca contra la posibilidad de unificación nacional, sencillamente porque una nacionalización implicaría pensar en los grandes problemas y salir de cualquier microclima provinciano. Allí muchas listas se desdibujarían y los rejuntes entrarían en contradicción, especialmente los del propio gobernador Gustavo Sáenz, que se apoya por igual en macristas y en kirchneristas.

Pero no sólo a él le conviene. El PV local, que dice ser vocero del proyecto nacional, no ha levantado la voz decididamente junto a De Pedro en pos de la unificación. Quizás porque si se unificaran los comicios, Sáenz debería jugar para el bando oficial y eso le quitaría terreno al kirchnerismo local, que hasta ahora se alimenta de la ambivalencia del gobernador.

La necesidad de tener una existencia local es tan fuerte en Salta, que alcanza hasta a partidos de izquierda, como al nuevo PO representado por Gil, que teme perder el sello provincial en una elección nacional en la que deberían ir con otro nombre. Así han sido los únicos que sorpresivamente salieron a reclamar que se dejen las elecciones en julio.

En medio de tamañas especulaciones de todo tipo y color, Sáenz es el más beneficiado con la nueva fecha y grandes sectores de la “oposición” la van a dejar pasar. Quizás vuelva a ser la pandemia la que ponga orden en la enrevesada política salteña. No se puede estar jugando con el electorado ni con la salud.




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