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Elecciones salteñas: Sáenz, entre el riesgo de la polarización y el virus

Distintas voces se manifestaron en contra de las elecciones previstas para julio por la inoportunidad en medio de la segunda ola de Covid. Lo mismo cabe para la reforma constitucional exprés que impulsa Sáenz. El gobernador, por ahora, se mantiene firme aunque cada vez con más dudas.

Organizar una elección en Salta implica movilizar un millón de personas en el plazo de 12 horas. Esto sin contar las campañas previas y el trabajo electoral competente, claro está. Sin embargo, para el gobierno este tumulto no sería superior al de cualquier día. Es sabido que muchas escuelas colapsan rápidamente o que los adultos mayores -tradicionalmente muy responsables con sus tareas cívicas- todavía no se vacunaron en su totalidad y ese día asistirán. También es sabido que las nuevas mutaciones están atacando fuertemente a los sub 60. Pero el gobierno no ve problemas y se mantiene firme en la decisión de sufragar el 4 de Julio.

Salta debe elegir 60 convencionales constituyentes para reformar la constitución. Renovará 12 senadores, 30 diputados, 343 concejales para 60 municipios y la intendencia de Aguaray, que lleva un año intervenida. Entonces, el otro problema que plantea julio es la escasa asistencia, que dará como resultado representantes con -valga la redundancia- poca representatividad.

Dentro del gobierno se empezaron a evidenciar algunas dudas durante la sesión inaugural, en la que el vice, Antonio Marocco, deslizó a la prensa la posibilidad de rever el calendario de acuerdo a la marcha de la segunda ola. El “Gringo” piensa en los efectos de la pandemia, pero sobre todo es representante del sector gubernamental más proclive a cerrar filas con Nación. Y esto nos lleva al verdadero meollo político del asunto: la polarización.

Sáenz llegó al gobierno apoyado por un frente de tinte macrista. En la capital ganó con el apoyo de un electorado netamente “amarillo”, en el marco de una lucha nacional contra el kirchnerismo. Contener esos votos en medio de un viraje hacia los Fernández es imposible; sólo se puede pensar en esa posibilidad desdoblando las elecciones y contando con la silenciosa complicidad de sus aliados, a los que pide no azuzar la grieta.

La ruptura de la UCR en Diputados, que desencadenó la partida de Héctor Chibán, muestra que el macrismo está intentando tibiamente rearmarse a espaldas de Sáenz. Lo mismo cabe para la reunión de hace unos días entre macristas y olmedistas salteños. Entonces, mientras algunos sectores, tanto K como M, se favorecerían con nacionalizar la elección, para el gobernador es un enorme dolor de cabeza.

La marcha de la pandemia terminará acomodando el escenario, pero la crisis sociopolítica es el otro factor de fondo. Y es que el aumento de la pobreza se hace sentir y eso despierta los impulsos opositores de un macrismo que sin embargo no termina de hacer pie. En frente ha tenido un gobierno que, más allá de sus errores, no abrió brechas sociales grandes que den paso a la formación de una oposición fuerte y definida. Los intentos del macrismo de hacer eje en la crisis de las vacunas o de apoyarse en sectores anticuarentena no dieron los frutos esperados por ahora.

Si las cosas siguieran así, quizás el gobierno provincial podría terminar definiéndose por el oficialismo nacional y aceptando una postergación. Entre la pandemia y los vaivenes de las pujas políticas nacionales, Sáenz navega con la mente puesta en sacarse de encima las elecciones provinciales lo antes posible.




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