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La ley de la interrupción del embarazo en primera persona | La otra historia fue posible

Por Natalia Fernández

El 28 de mayo de 2005 las organizaciones de mujeres y feministas parieron la campaña que dio a luz a una de las leyes más importantes en nuestro país. El 30 de diciembre la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito recogió el fruto de 15 años de militancia organizada de un reclamo histórico de las mujeres y disidencias en Argentina.

En 2007 la Campaña presentó en Congreso el primer proyecto de ley para regular el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo, luego lo hizo en otras 7 oportunidades, cada vez contando con más adhesiones, hasta que finalmente llegó al recinto en 2018, donde obtuvo la media sanción de diputados pero fue rechazado por la Cámara Alta.

Todas las feministas en nuestro país fuimos heredando la lucha, el objetivo y las estrategias para conseguirlo, según el espacio del que formáramos parte, la Campaña fue transversal a todas las organizaciones políticas, partidarias o no, y muchas creímos que se la heredaríamos a las nuevas generaciones. La Campaña vino a complementar otra herencia de las mujeres argentinas, la herencia de los abortos clandestinos, de los que se hacen con perejil o con orégano, con perchas o agujas de tejer, o los que nos dejaban desangradas en la camilla de algún médico u enfermero carnicero que hacen legrados a medias. Con la Campaña y el activismo pudimos aprender sobre el misoprostol, recomendado por la OMS para los países donde interrumpir un embarazo de forma voluntaria es ilegal, pero inaccesible para todas por el precio.

El debate del 2018 trajo una maduración importante a la discusión que ya se empezaba a sacar de debajo de la alfombra de la sociedad. Una consigna que se repitió desde que los senadores rechazaron el proyecto fue: “Perdimos el debate en el Senado, pero lo ganamos en las calles”.

Con las calles abarrotadas de mujeres de todas las edades, envueltas en la vehemencia de las más jóvenes, con la pasión de las más grandes y el grito inclaudicable de las que ya no tienen voz, las mujeres, lesbianas y trans le exigimos a nuestros representantes que dejen de lado sus posiciones personales y saquen del ropero la realidad que nos atraviesa a todas. Con la media sanción en diputados supimos que habíamos ganado una batalla importante, sólo nos restaba que el debate se dé dentro de un gobierno que tenga la voluntad política de reconocer el derecho a la soberanía sobre el cuerpo de las mujeres y personas con capacidad de gestar.

Desde que empezamos a descubrir nuestra sexualidad, el placer y el deseo, las mujeres nos encontramos con el terrible miedo al embarazo. “Si me quedo embarazada me muero” es una de las frases que más atraviesa las conversaciones sobre el placer que tienen millones de mujeres en Argentina. La muerte, la cárcel o la maternidad son el destino al que se enfrentan quienes quedaron embarazadas.

En el 2019 Alberto Fernández puso como eje de campaña la interrupción voluntaria del embarazo, con la victoria del Frente de Todos los movimientos feministas exigieron que cumpliera con su promesa que, aunque demorada por la pandemia que hizo estragos en el mundo, fue cumplida en diciembre de este año.

En más de una oportunidad el ministro de salud, Ginés González García, planteó que se trata de una cuestión de salud pública, la ministra de las mujeres, géneros y disidencia hizo lo propio, desde los distintos espacios del gobierno nacional se trabajó para que el proyecto fuera sancionado, incluso, una vez iniciado el debate la reunión con los legisladores oficialistas para que lo apoyaran fue la gota que llevó a la balanza a inclinarse para que la ley sea sancionada. En Salta 3 diputados, Verónica Caliva, Alcira Figueroa y Lucas Godoy, y 2 senadores, Nora Giménez y Sergio Leavy, acompañaron la ley del Ejecutivo.

Mientras se debatía el derecho a la vida, al placer, al deseo, de las mujeres y personas con capacidad de gestar las plazas de todo el país se llenaron, hicieron vigilia, cantaron, bailaron. La media sanción en diputados era cantada, pero al inicio de la discusión en la Cámara Alta había una leve ventaja para “las verdes”, como fuimos catalogadas por el color del pañuelo que se hizo bandera desde el inicio de la Campaña.

A las 20hs el senador Sergio Leavy, quien había votado en contra como diputado en 2018, anunció que votaba a favor, la algarabía recorrió los cuerpos de todas las presentes, ya daban los números aunque aún faltaban 8 horas para la votación, aún así nadie se fue de la plaza, el único movimiento presente era el del baile que copó la calle de la legislatura, espacio más que simbólico para vivir la discusión en el Senado. Se hicieron las 4 de la mañana, el senador Mayans hacía el cierre de la lista de oradores, excediendo los 25 minutos estipulados y al grito de “Fuera macho, fuera” de las que querían que los hombres dejaran de tener potestad sobre sus cuerpos.

Los legisladores expresaron su voto, en la plaza silencio de radio, el conteo duraba más de lo que habían durado las más de 12 horas de la sesión, finalmente se escuchó “Resulta aprobado con 38 votos afirmativos, 29 negativos y una abstención”, en ese minuto un grito de alegría ensordecedor se unificó en todo el país. “Tenemos ley” fue la frase que recorrió todas las gargantas, estremeció todos los cuerpos, llenó los ojos de lágrimas y fortaleció los abrazos. La alegría de salir de la clandestinidad, el alivio de empezar a perder el temor a la muerte y la cárcel, la culpa que genera el tabú y lo prohibido se tradujo en una corta oración que también se replicó, “este útero empieza a sanar”.

Ahora, en lugar de prácticas dolorosas, llenas de vergüenza y miedo, la mujeres y personas con capacidad de gestar argentinas van a heredar el placer, el deseo, el disfrute, la posibilidad de planificar y de sentirse seguras en sus cuerpos. A la clandestinidad no volvemos nunca más, por nuestras madres, por nosotras y por nuestras hijas y nueras, porque «Tenemos Ley».




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