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narices chatas

Reciclan botellas plásticas y producen ladrillos para hacer casas para familias wichís

Con una fuerte conciencia social y ambiental, la Fundación Narices Chatas de Tartagal recolecta botellas plásticas para hacer ladrillos PET con la intención de hacer casas a familias originarias. En Salta capital, la fundación Lamadrid también proyecta reciclar.

Fabiola Soria, presidenta de la Fundación «Narices Chatas» contó a El Tintero que primero comenzaron conteniendo a chicos y jóvenes a través de la práctica deportiva del boxeo. «Los chicos andan en la calle porque muchas veces no tienen ni un mínimo de espacio para ellos en sus precarias casas, entonces, a medida que van creciendo terminan pasando más tiempo en las calles que en sus propias ´casas´».

Después de un tiempo, y ante la tremenda necesidad alimentaria existente, sobre todo en los últimos cuatro años, «decidimos junto a integrantes y familiares, abrir un merendero al que concurren muchos chicos wichís, madres y abuelos. Todo lo hacemos a pulmón, sólo recibimos ayuda de chicos que pasaron por la fundación y hoy aportan su granito de arena porque tienen algún trabajo».

«Con el paso del tiempo, y a partir del trabajo que veníamos realizando, vimos un proyecto que existe hace 20 años y fue creado por el CEVE (Centro Experimental de la Vivienda Económica), que a su vez está avalado por el CONICET, en Córdoba. Hace 20 años atrás no se hablaba de reciclar», relata Fabiola como quien introduce el tema de fondo y sus objetivos.

Recolectando botellas plásticas

Recolectando botellas plásticas

«La Fundación Eco- Inclusión de Córdoba buscaba llevar adelante un proyecto que encierre lo social con lo ecológico. Era sólo un deseo de tres amigos cordobeses porque ninguno estaba relacionado ni tenía que ver con la construcción ni con el ambiente. En 2017 presentan el proyecto en un concurso tecnológico ambiental organizado por Google, pasan la instancia nacional, sudamericana y en México ganan el concurso como el mejor proyecto de reciclado. A partir de ahí toma mayor difusión y se hace famoso este tipo de ladrillos», nos enseña Fabiola Soria.

Ante la iniciativa y los fines sociales y ambientales se puso en contacto con Fabián Saiek, uno de los cordobeses de Eco Inclusión para interiorizarse sobre el trabajo de reciclado y allí comenzaron a desandar otra etapa que se sumaba a la deportiva y social. «Me contacté y desde un primer momento nos brindaron toda la información necesaria para que nosotros desde acá podamos encarar un proyecto parecido».

Con mucho esfuerzo y a través de rifas y ayuda económica de ex integrantes de la fundación que hicieron boxeo, lograron juntar más de 250 mil pesos para comprar el molino necesario para obtener la materia prima. «Para llevar adelante este proyecto no sólo se necesita el molino, se necesita de un trabajo colectivo que permita reunir las botellas, trasladar, picarlas, prepararlas y hacer los ladrillos, no es así nomás ni para el empresariado que junta 60 mil pesos fácilmente. Nosotros trabajamos en comunidad».

narices chatas

El proyecto de Fabiola y el grupo de amigos que creen en lo colectivo por sobre el individual se trazó un objetivo claro: ayudar a las familias wichís a que tengan, a partir de los ladrillos pet, su propia casa.

«Muchas veces no se les hace casa porque necesitan el título de la propiedad, por eso no todos tienen casita. Existen muchos que nacen y mueren esperando ser titulares de esas tierras y por ese motivo nunca pueden tener una casita. Si sabés que están instalados ahí milenariamente, y que no se van a ir porque ahí está toda su etnia, porque no les titularizan las tierras? Yo lo veo como una excusa al tema del título para no hacerles las casas», argumenta Fabiola y agrega. «Ante esa situación y la imposibilidad de hacer algo en ese tema, siempre pensé en la posibilidad de tener algún material, como en este caso el ladrillo PET, para que ellos hagan sus casas».

El análisis de Fabiola va mucho más allá de lo que tiene frente a sus narices. «Las primeras comunidades comienzan detrás de la terminal y están mezcladas con algunos barrios de criollos porque tuvieron que asentarse en las afueras de Tartagal. Llegan para estar cerca del pueblo y porque por el desmonte son desalojados de sus tierras originarias, por eso la mayoría que están en Tartagal son del Chaco salteño».

«La señora Simplicio por ejemplo, de El Crespín, cuenta que antes sus hijos estaban mejor nutridos porque comían pescados y cazaban. Por los demontes los fueron sacando del río, no tienen montes y tampoco animales para cazar, más los pesticidas que riegan sobre los campos que están llenos de soja. Su hábitat natural está completamente muerto. Las aborígenas trabajaron siempre con el chaguar que a la fibra de la planta la vuelven hilo y con eso tejen la yisca y todas sus artesanías. Ni chaguar hay si no hay monte», finalizó, dejando una gran enseñanza.

LA FUNDACIÓN LAMADRID SIGUE LOS PASOS DEL RECICLAJE

La fundación Lamadrid está dedicada a trabajar en la contención social de niños, jóvenes y adultos por medio de espacios deportivos, culturales y con proyectos que brinden herramientas para la búsqueda laboral con talleres de reciclaje y ambientales.

Desde el lado deportivo, la fundación trabaja en conjunto con el Club Campo Alegre que alberga nueve categorías de fútbol que van desde los 8 hasta 50 años, de esa manera se contiene a gran parte de la sociedad, inclusive a mujeres porque hay fútbol femenino.

Dentro de los proyectos ambientales está la idea de producir ladrillos pet, también reciclados. «Nace a partir de ver un problema que se da en la mayoría de los espacios deportivos, ya que crean basura y contaminan todos los ambientes en los que se encuentra. Esto perjudica y daño a La Caldera y Vaqueros principalmente, por eso copiamos el proyecto de hacer ladrillos y bloques», indica Fernando Zerpa, Secretario de la fundación.

«Tenemos que sacar esa basura de las canchas para convertirlo en materia prima para hacer ladrillos que sean viviendas y ayuden a palear los problemas habitacionales existentes en nuestra sociedad y en las comunidades originarias. Son ladrillos térmicos, livianos y sirven para ahorrar en construcciones, ya que al ser más livianos no se necesitan tantos hierros para las columnas y los cimientos. Tiene varios beneficios que nacen del plástico y que tanto mal hace al ambiente», desarrolla en comunicación con El Tintero.

«Integrar, contener y crear fuentes de trabajo para la comunidad es para nosotros la misión más importante que tenemos, pero lamentablemente hoy por hoy necesitamos la triturada, por eso llamamos a empresas, privados, público en general inclusive si quieren trabajar conjuntamente para mejorar el lugar en el que vivimos», relata Zerpa.

La fundación Lamadrid organiza los festivales del día del niño y jornadas culturales para cambiar los paradigmas: fotografía, música, radios abiertas, etc. que sirvan para contener a la sociedad más vulnerables.

Para aquellos interesados en aportar, pueden contactarse al siguiente número: 3875149206 FERNANDO ZERPA SECRETARIO DE LA FUNDACIÓN

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