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Chacho Echenique | El potente 5 que la descosió con el Dúo Salteño

En el Día Nacional del Músico homenajeamos a uno de los integrantes del cancionero popular que dejó su huella en la música. Futbolista en sus inicios, terminó conformando el Dúo Salteño junto a Patricio Jiménez. En una nota larga y tendida Chacho Echenique nos cuenta su adolescencia, el fútbol, la música y su perspectiva sobre la importancia de la cultura.

A la memoria de Pablo Jovanovich

De porte preponderante, mirada sincera y honesta, Néstor «el Chacho» Echenique nació en Salta un 21 de julio de 1939. Es autor, compositor e intérprete, y además integró el dúo más importante del folclore nacional. Las huellas que dejaron con Patricio Jiménez y el Cuchi Leguizamón se extienden no sólo por el país, sino también por el exterior. Un pedazo de nuestra historia.

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El encuentro se pautó a la vieja usanza: teléfono fijo mediante, no porque no se adapte a las nuevas tecnologías, situación que contaremos más adelante. El Chacho sale de su casa con una remera lila, bermuda negra, zapatillas y lentes oscuros. La resolana de las 17 es más picante que el sol de las 14. «Ando sin celular porque hice entrar un changuito que se andaba ofreciendo para limpiar lo que sea y cuando se fue, se fue también el celular. Qué lástima como andan los changos ahora», le cuenta el artista al cronista.

Chacho jugaba en Juventud Antoniana, del barrio Hernando de Lerma, barrio en el que vivía y cuna de grandes músicos salteños que también jugaron allí. «El asunto es así», dice serenamente. «En esa época (´57, ´58) jugaba también el Tutú Campos, de Los Cantores del Alba, era un 10 fenomenal, zurdo. Jugábamos en las inferiores de Juventud. Habían muchos cantantes; se dio esa cosa rara de jugar al fútbol y cantar», rememora y avanza.

«En la sexta de Juventud por ahí me hacía 4, 5 goles, era mucho en esa época la sexta, pero yo pateaba mucho de lejos, y entraban», cuenta el hombre y agrega. «Todos los sábados a la mañana iba una persona bien peinada a vernos jugar; era hijo del presidente de Lanús que se había quedado a vivir en Salta tras conocer una mujer. Él propuso llevarme a Buenos Aires en calidad de préstamo. Y me fui nomás, con dolor, porque había dejado una noviecita», le cuenta al cronista como si estuviera mirando aquella lejana escena.

A comienzos de 1961, a sus 22 años, llegó al Club Atlético Lanús para jugar en la reserva en su posición natural: 5. El Granate, que militaba en la Primera División, se fue al descenso provocando una crisis de tal magnitud que al Chacho nadie le dijo nada a fin de año, momento en el cual el contrato se le vencía. Al regresar a Salta, recibió un llamado de San Martín de Tucumán. Se fue para Tucumán y allí los dirigentes le hicieron firmar «unos papeles que no tienen importancia, me dijeron. Era un convenio».

Tras un partido contra el Club Atlético San Lorenzo de Almagro, el Toto Lorenzo, DT en ese momento del equipo de Boedo y también de la Selección Nacional, le pide a la dirigencia de San Lorenzo que lo contrate

Pasado el verano y luego de recalar en el Santo tucumano, llegó el momento de comenzar nuevamente el campeonato de primera y tras el interés de San Lorenzo de Almagro, los problemas contractuales entre Lanús y San Lorenzo, más los intereses de Juventud y San Martín de Tucumán, no le permitieron jugar oficialmente para el ciclón en el torneo. Sólo pudo hacerlo en partidos amistosos destacándose como un 5 que pasaba al ataque y remataba desde fuera del área. «Me gustaba pasar al ataque, meterme de 9. Me destacaba porque subía y volvía a la posición rápidamente». En aquella época, le hizo un gol al inexpugnable arquero de River Plate, Amadeo Carrizo.

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Finalmente, el Chacho en el año 63 regresa a Tucumán para jugar en San Martín, en donde integró el seleccionado de la Federación Tucumana de Fútbol consagrándose Campeón Argentino en Bahía Blanca. Por los problemas contractuales se aleja del fútbol para dedicarse a la música, que ya venía gestándose en el hotel en donde residía en Buenos Aires.

FÚTBOL, MÚSICA Y POLÍTICA

«Un amigazo, Osvaldo Daruich, es el que juntaba a los salteños en un kioskito que había en Pellegrini y Cerrito, cerca del obelisco. Ahí ibamos todos los salteños, entre ellos Los Nombradores y Falú, porque el chango era amante de la música, Yo vivía al frente, en el hotel», recuerda.

«A Patricio yo lo conocía de Buenos Aires, al Cuchi lo conocí en la casa de Riera, en Salta. Ahí me invitaron a cantar una vez y el Cuchi nos dijo. «Bueno changos, mañana nos juntamos a trabajar en mi casa», y así fue. Al otro día nos reunimos en su casa que estaba frente a la Sociedad Española. Patricio ya tenía experiencia, había sido parte de Los de Salta, yo estaba nuevito», detalla.

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Luego de «trabajar» con el piano del Cuchi, forma en 1967 junto a Patricio Jiménez el Dúo Salteño, que marcó un hito en la historia de la música popular argentina, por la sutil y peculiar armonía de sus voces. «Con el Dúo, aunque no les guste, nosotros hicimos la revolución, venían de Francia y de todos lados a hacernos notas. Hay 70 temas que tienen armonías diferentes. No es una sola voz, son 70 voces diferentes», define.

El Chacho, junto a Patricio y a Gustavo el “Cuchi” Leguizamón, quien armonizó las voces del Dúo y con su piano hacía sonar una tercera voz, y se unieron en poesía y letras a los poetas Manuel J. Castilla y Miguel Ángel Pérez (Perecito), y llevaron el canto de Salta por todo el país y el mundo.

Cuenta un detalle del que no se sabía mucho: su relación con Patricio Jiménez y el Cuchi. «Con Patricio no nos entendíamos políticamente, aunque de adolescente no me metía, pero en Buenos Aires fui dándome cuenta de la diferencia entre el rico y el pobre, porque en Salta no estaba en los lugares donde se discutía de política, como los sindicatos, por ejemplo».

Como un chango nuevito que salía del pueblo hacia la gran ciudad, el Chacho fue percibiendo otra realidad y formas de ver la sociedad. «Al hotel me llevaban el diario Nuestra Palabra que era del Partido Comunista, ahí empecé a ver los problemas de clase. En Salta, en esa época te hacían creer que vos también eras de cinco apellidos para que estés calladito, no te muevas, estés quieto; y te querían por ser un chango «buenito». Eso se llama domesticación. Guarda con eso, porque es lo que está pasando. Por ejemplo, el rol de la iglesia siempre fue para disciplinar, nadie decía nada. Te podían pegar un tiro y la iglesia no hacía nada», manifiesta un Chacho que del fútbol simple pasó a ver las diferencias sociales políticas.

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Con su posición bien definida agrega. «La música bonita, romántica, de diversión, sirve para domesticar, la otra no, la que dice algo no, ojo con eso. Vos fijate, todos los que cantaron esas canciones románticas, fracasaron, en la verdad fracasaron, andan solos; porque es mentira, el amor no se nutre por ahí, el amor se nutre con pensamiento, respeto hacia la historia del otro, sino fijate en Doña Ubenza que cuestiona. La pomeña es una pintura«.

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Sobre su relación con el Cuchi aseguró que pudieron trabajar juntos porque existía libertad y respeto para cantar y armonizar, «sino no se armaba nada».

Dos años de laburo le llevó al Dúo hasta que se presentaron en Buenos Aires, y aún así no tuvo la presentación el impacto esperado. En aquella oportunidad fueron presentados toscamente por Leguizamón. Después tuvieron que seguir peleando solos, Chacho en Buenos Aires y Patricio en Córdoba, ahí empieza a acompañarlos Román Salim. Ahí hubo un impasse.

Echenique define a la cultura como un bien fundamental para formar una sociedad justa y equitativa. «La cultura es fundamental, por eso el gobierno macrista la intentó de ignorar. Para que veas la diferencia, durante el gobierno de Cristina nació el Centro Cultural Kirchner, es lo más hermoso que hay en Buenos Aires, que guste o no, lo usaron todos. Eso ahora está volviendo a reactivar. Antes la gente salía de trabajar e iba escuchar porque era gratis. La gente que trabaja no tiene que ir únicamente a los festivales, tiene que ir a los centros culturales; la cultura te devuelve seguridad, estética y redescubre al ser humano. Ahora te aturden para no pensar».

Después de cuatro años de macrismo, el Chacho observa a la gente más optimista, «a pesar de que no hay un mango, pero es otra cosa. Hay esperanza en general. Hay que despojarse de prejuicios para que las nuevas generaciones sean democráticas, con más firmeza. Hay que aportar a nuestra identidad, no perderla nunca, que aparte somos riquísimos en eso».

PASADO, PRESENTE Y FUTURO

«Mi madre fue una trabajadora que fue mucho tiempo enfermera en Pulares, después fue a San Antonio de los Cobres, Coronel Mollinedo, fue una gran sacrificada de la vida; de ella heredé el canto. Ni una linterna tenía para ir a ver a los enfermos de noche haciendo hasta de médica porque no habían. Todo eso es un aprendizaje para mí que voy guardando con el tiempo».

De lo que me contaba mi madre e ido sacando y entendiendo lo fundamental: el sufrimiento de la gente. Si no partís de ahí, no podés ir hacia ningún lado.

«Mi trabajo actual es sobre la Puna: MamaPacha que hace mucho lo tengo, varios temas sobre ese tema tengo; por los lugares donde viví, Iruya, la Cuesta de Lipán, los salares, de ahí van a salir las cosas. Estoy con algunos problemitas de artritis en los dedos que aunque no sea guitarrista estoy buscando el paisaje de la puna con la guitarra. Ojalá lo pueda hacer como homenaje a mi madre, cantando coplas en una dimensión diferente».

El atardecer empezaba a mostrar su lado más bonito para darle lugar a una noche que refrescaría y alivianaría un poco la sudoración. Al Chacho lo volvíamos a dejar en la puerta de su casa, en el barrio San Martín, y este cronista se volvía a sus actividades «normales» luego de haber viajado en el tiempo de la Salta poeta del ayer.




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