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Narcos

Opinión| «Los narcos están en sus barrios, no en los nuestros»

Reproducimos la publicación de Revista Sudestada titulada «Carta al Señor Presidente», por parte de la médica Marina Nido, de Buenos Aires.

Por Marina A Nido

«Señor Presidente:
Le escribo por primera vez, así como por primera vez intervine un cartel de su campaña en la vía pública.
Me movió la indignación hasta el kiosco a comprar un fibrón rojo para corregir su tremendo «error conceptual» en el vergonzoso cartel que puso en mi barrio, La Boca.
Trabajo hace 5 años como médica en los barrios que usted alude en el afiche, con personas con consumo problemático de sustancias y conozco la realidad que usted soslaya en forma deliberada.
En los barrios y villas NO hay narcos.
Hay un tendal de pibes y pibas arrojades a la marginalidad por su abandono y políticas de exclusión.
No consiguen empleo, y menos aún si son villeres, madres, trans, travestis, afrodescendientes, marrones o gordes, porque ya sabemos de la multiplicación exponencial de la injusticia; no pueden vender en la calle porque son perseguides por las fuerzas de seguridad y quienes tienen niñes no tienen chance alguna de conseguir vacantes en los jardines siquiera.
Con ese panorama y la problemática de consumo hay quienes «trabajan de droga» como me dijo una niña de 9 años una vez.
No son delincuentes, son personas cuyos derechos son vulnerados. Gente empobrecida por su gobierno para ricos que lucha por sobrevivir como puede mientras usted los endeuda a ellos, a mi, a todes por 100 años para pagar las deudas de su familia, las de sus amigos y llenarse de guita.
Los mismos que usan la «Guerra contra Las Drogas» para hacer negocios y estigmatizar a les pobres y jóvenes, a esos mismos a los que disparan por la espalda la prefectura, policía y gendarmería, esa a la que usted quiere poner a «enseñar democracia» a nuestros pibes y pibas.
A esos barrios precarios entran y salen camionetas 4×4 lujosas, pero no se quedan. Vuelven a Nordelta, Puerto Madero, Recoleta, y a sus chetas casas de countries. Y los fines de semana pueblan los mismos eventos y galas benéficas que usted frecuenta. A ellos ningún «operativo» les revienta la casa a mitad de la noche, porque «los trapos sucios se lavan en casa» y entre amiguis «una mano lava la otra».
Porque los narcos, señor presidente, no están en nuestros barrios, están en los suyos».

 




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