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El relato del horror | “Orden social”

Luego de la violenta detención de uno de los asentados de Parque La Vega, el miedo y la incertidumbre se apoderó de muchos vecinos que resisten.

Le pregunto a mi hermano que sabe, cómo se denomina el síndrome por el cual un ser humano repite ciertas conductas perversas de sus verdugos, -El síndrome de Estocolmo- me contesta, y al instante me pregunta ¿porqué? Porque no puedo creer que alguien a quien le han pasado hechos horrorosos en su vida, termine siendo parte de una maniobra que derivó en un secuestro, y aunque no haya estado involucrado de manera formal, no haya dicho nada por aclararlo. Hablo por supuesto de “un cuadro político” del actual gobierno provincial, y del anterior y del anterior y del gobierno del pasado también.

Le digo a mi hermano que estaba realmente afligido por un hecho gravísimo que ha sucedido hace apenas unos días, o unas semanas o unos años, quizás allá por el 75 o el 76, cuando la Triple A (Órgano represivo del gobierno del General Perón, al mando de López Rega) se dedicaba a secuestrar, torturar, matar y desaparecer a quienes osaban contradecir al sistema doctrinario y totalitario del Peronismo gobernante, entre sus víctimas están los propios militantes entregados por sus propios dirigentes…

Todo eso ya lo sé, -me contesta él que todo lo sabe- ¿O no leíste acaso mi última novela?
Sí, la leí mil veces, y por eso me preocupo más todavía, Leí tu novela, los libros de Osvaldo Bayer, el Nunca Más, y todos los libros que te podás imaginar, -le digo- y no puedo entender que siga pasando lo que pasó.

-Contame y dejá de dar más vueltas! Quién hizo lo mismo que le hicieron a él? Estás seguro que no fue una venganza?

Estoy seguro, porque vos te vengás de tu enemigo, no te vengás de alguien a quién quizás ni conocés, y mucho menos si esa otra persona está en una situación social vulnerable y vos en un cargo político desde donde en vez de dar soluciones, ayudás a complicarlo todo.

Paso a detallar a continuación, diría Víctor Heredia

Lo que que voy a contar va a ser en primera persona para que entiendas la gravedad de los hechos y porque siento que si le pasa a otro también me pasa a mí.

«Estábamos en el asentamiento de Parque La Vega, el mismo que está saliendo casi todos los días en los diarios, y nos avisan que tenemos que ir a reunirnos en el Grand Bourg, con Pablo Outes, a cargo de Relaciones Políticas de la Gobernación, que querían hablar con los referentes de la toma, así es que vamos en una combi varios compañeros y en un remis nosotros, todo bien hasta que llegamos a la casa de gobierno, nos hacen pasar al flaco y a mí, pero resulta que Outes no está, nos recibe un burócrata de cuarta, de cuarta línea, que nos patea la reunión para otro día. Hasta ahí todo parecía normal, no es la primera vez que hacen eso para desgastarnos, la cosa es que nos pegamos la vuelta, y cundo estamos entrando por la colectora de Villa Palacios y cuando estamos a tres cuadras del asentamiento se nos cruzan delante del remis dos motos y nos hacen frenar.

Yo venía sentado al lado del chofer, atrás venía el flaco Yuthiel con otro compañero más y en el medio una compañera que esta embarazada. Los tipos venían de civil, uno solo encapuchado, cuando metieron la moto en mi costado ya ví qu el de atrás manoteó y abrió la puerta, y en menos de lo que me podía imaginar me empujó la cabeza contra el asiento y me puso un “caño” aquí en el cogote, todavía siento el frío del cagazo que me agarró, -Quedate quieto! –gritó, y después me tironeó para bajarme y me tiró al piso boca abajo contra el asfalto que estaba hirviendo, eran como las 2 y media de la tarde y ese día habían hecho más de 30 grados. Yo me tiré con las manos en la espalda y el tipo me puso una rodilla encima, en eso ví cómo bajaban a mis compañeros del asiento de atrás, la flaca no se quería tirar al piso por el embarazo, entonces una femenina, de civil también, que le gritaba que se tirara la hizo poner de rodillas y ví cómo le pegaba en la cabeza. Yo le estaba pidiendo al que tenía encima que me sacara la rodilla de la espalda porque me estaba matando por mi problema de columna, cuando veo que lo sacan al flaco Yuthiel de las mechas, velozmente y lo pasan del remis a un auto particular, mientras los tipos que lo llevaban le pedían al que estaba conmigo que le pase las esposas, al pasarle las esposas se le cae el fierro al ladito de mi cara, agradezco al cielo que no soy ningún fulero, porque cualquier otro, al no saber si eso era un robo o un secuestro y no un “operativo policial ordenado por la justicia”, hubiese agarrado el fierro y podría haber pasado cualquier cosa.

Salieron con Yuthiel esposado en el auto y nosotros nos levantamos y subimos al remis junto a la policía y decidimos seguir al auto y a las motos que ya iban a velocidad normal. Cerca del COFRUTOS le cruzamos el remis delante, se baja la mujer policía con el arma desenfundada y le pide que se identifiquen, del otro auto se baja uno de los civiles y la encañona también y le dice que se vaya que no interrumpa que estaban realizando un operativo, la mina nole cree y le exige que se identifique, todo esto sin bajar el arma ninguno de los dos, hasta que se identifican como comisario o subcomisario creo, no entendí bien el apellido tampoco, recién ahí bajan las armas los dos, la agente se sube al remis y decidimos volver al asentamiento, pero a las pocas cuadras ya casi llegando, nos vuelven a cruzar las motos y la hacen bajar para que los acompañe la uniformada. De terror esos tipos.

Del Yuthiel no supimos nada hasta pasadas las 6 de la tarde, que recién lo blanquearon y avisaron que estaba en la Alcaidía detenido por varias causas absurdas y seguramente inventadas, después ya lo vimos en la foto en el diario como si fuese el Simón Radowinsky esposado en la cárcel del fin del mundo. Te juro que ni a los más peligrosos delincuentes los detienen así, seguro que a esos se les cagan. Encima a los dos días publicaron que dio positivo de Covid-19 y sembraron el miedo y la sospecha (siempre siembran ambas cosas como si fueran inseparables) de que todo el asentamiento podría estar contagiado. Y capaz nomás, si ni agua tenemos, y ya sabés que las necesidades las hacemos en un par de letrinas, así que ni hablar de que tengamos condiciones sanitarias dignas para cuidarnos, y del distanciamiento social difícilmente le hagamos caso, si vivimos amontonados aquí, además tener que soportarle esta cuestión que los que saben leer y entienden un poco más de todo, como vos, llaman el “Orden social” que nos quieren imponer, aquí solo un par terminó el secundario, pero no nos vamos a dejar imponer esa mierda.

-¿Estás seguro que pasó todo eso que me estás contando? Seguro que no es una de esas pesadillas que te vienen de tanto en tanto por lo que nos pasó en los 70?

Estoy seguro, completamente seguro! No lo soñé! Sí fue una pesadilla pero real, todavía siento el frío del caño en el cogote y la cara quemada contra el asfalto mientras esa basura me apretaba la columna. Y si te lo estoy contando es porque no entiendo, te juro que no entiendo, que alguien a quien le hicieron lo mismo con su padre, sea capaz de prestarse a estas cosas, y si no estaba al tanto, no entiendo su silencio al enterarse de todo esto, te juro que no lo entiendo, como no entiendo el miedo que ahora siento, porque a mí no me van a encontrar nada, yo sé que nos investigan, pero no tengo nada sucio hermano, te juro que soy alguien que vino del interior, del norte, y aquí en esta sociedad siempre me hicieron sentir extranjero- “¿Qué hacés vos aquí?” Es algo que me han dicho mil veces, si yo no jodo a nadie hermano, solo vendo maní en el invierno y helados en el verano, y ahora encima esta cuarentena y esta pandemia, una tragedia tras otra, y “La Peste”, estoy seguro que al flaco además de pegarle entre varios cuando se lo llevaron, seguro lo han escupío también para contagiarlo. Seguro que fue así, estoy seguro porque todavía siento el frío del caño y el miedo de que uno de estos días me secuestren también a mí.
O a vos, que es peor.

Para “El Tintero de Salta”
Alejandro Ahuerma
DNI:16.735.230




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