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Ciclovías en la Belgrano | ¿Una ayuda para el ciclista?

Las nuevas obras de la municipalidad en avenida Belgrano han dividido aguas. Hay quienes las apoyan en el entendimiento de que mejorarán el tránsito de bicicletas, mientras otros temen por la integridad de los vehículos y el entorpecimiento del flujo en una arteria central. Acá algunos ejes para pensar el problema.

por Arturo Borelli

Desalentar el uso del automóvil parece ser la idea que más resuena en las discusiones urbanísticas salteñas. Nadie estaría en contra, pero el problema comienza al discutir el “cómo”, momento en que nos damos cuenta que no estamos ante un tema tan sencillo o rápido de resolver.

El discurso “anti automóvil” muchas veces se sustenta en la idea simplista de ver a los salteños como gente ingenua y cómoda que, no dándose cuenta o no importándole que el microcentro esté colapsado, ingresarían con su vehículo a como dé lugar.

Se propone entonces poner dificultades para desalentar el ingreso, como reductores, conos o los nuevos corrales de cemento de calle Belgrano. Pero estos urbanistas no ven que el centro, con sus embotellamientos y baches, ya es de por sí muy complicado, y sin embargo, los autos siguen entrando. Entonces, ¿los salteños son masoquistas? ¿O es que hay otros motivos para seguir optando por el automóvil a pesar de las crecientes dificultades?

Un problema integral

Una avalancha en una tribuna se corta desde arriba colocando paravalanchas en toda la longitud de la obra y no poniendo obstáculos peligrosos en la zona de congestión del alambrado. Es un principio fácil de comprender y debe ser tenido en cuenta al discutir sobre el tránsito: la afluencia de autos al centro no va a mermar obstaculizando esa zona específica, porque el problema nace de las afueras hacia adentro. Hay que cortar el flujo desde atrás y para eso hay que hacerse varias preguntas. Veamos.

Si un trabajador y/o su familia tiene que recorrer varios sitios en una mañana ¿tiene una forma viable más allá de sus propios vehículos? Tengamos en cuenta que hace 20 o 30 años, la mayoría de los trabajadores pasaba 8 horas en un mismo lugar para después volver a su hogar. Todo era más previsible. Ahora, con un trabajo más dinámico, disperso y/o precarizado, esto se complica. Por otro lado, la mancha urbana se extendió y con ella las distancias a recorrer. El auto asoma así como la solución más viable para llegar a varios destinos en menos tiempo.

Pero supongamos que, haciendo un esfuerzo, estos trabajadores dejan sus vehículos en el macrocentro y desde allí hacen su recorrido a pie ¿tiene lugares suficientes, seguros y baratos para estacionar? Seguramente no. Salta tiene la deuda pendiente de construir en el macrocentro edificios municipales para el estacionamiento de vehículos, medida básica implementada en cualquier urbe de más de 500 mil habitantes.

Pero supongamos también que nuestro automovilista pudo estacionar en algún lado. Una vez a pie en el macrocentro ¿tiene medios de transporte accesibles como alquiler de bicicletas o un servicio de combis de corta distancia como en algunas ciudades latinoamericanas? ¿Tiene un sistema de trasbordos múltiples en Saeta, como ocurre en el subterráneo de Buenos Aires?

Si quiere ir desde su hogar en bicicleta, o enviar a sus hijos en ese medio de transporte ¿tiene ciclovías en su barrio? Entonces, después de ver todas estas carencias, las obras en calle Belgrano emergen como una sobrecompensación de una municipalidad a la que desde hace décadas le cuesta pensar en soluciones integrales que vayan más allá del decorado céntrico.

Alguno podrá decir que estamos ante “un primer paso” pero, volviendo al ejemplo de la tribuna en una cancha de fútbol, un paravalanchas colocado en la parte final del problema y no en su inicio es parte del problema y no la solución. Una ciclovía mal hecha incluso puede jugar en contra del fomento de la bicicleta y más si, en lugar de hacerla con materiales visibles y seguros como el plástico, se las hace de concreto.

Descentralizar

Se habla de descentralizar, pero en Salta esto se confunde con dispersar, como cuando la municipalidad se mudó al galpón de calle Paraguay. El concepto es más integral y significa crear pequeños “nuevos centros” para que uno pueda hacer varios trámites (y no solo los municipales) en un solo lugar.

Esto implica nuevas sucursales de bancos y dependencias estatales en los cuatro puntos cardinales de nuestra ciudad y en municipios aledaños, algo que ningún gobierno quiso hacer.

El transporte público de pasajeros tampoco ayuda: incluso si no se quiere ir al centro, Saeta te obliga porque para ir de barrio Ceferino a Villa Palacios, por ejemplo, en automóvil demoramos 5 minutos, en cambio en colectivo, una hora y media ¿Por qué? Porque primero hay que ir al centro para de allí tomar un segundo colectivo al destino. No existe un sistema verdaderamente transversal e interbarrial de transporte y todas las enormes unidades de Saeta fluyen hacia y desde el centro.

Descentralizar y desalentar el uso de automóviles implica dar respuestas a todos esos temas y muchos otros más. Como por ejemplo el terrible ahorcamiento que se produce desde zona sur hacia el centro en el tramo de avenida Paraguay. Sin más puentes sobre el Arenales, el tránsito se va a volver imposible por esta vía, por calle Pellegrini y por Malvinas, entre otras. Es necesario también un tren interurbano, que partiendo desde Cerrillos y pasando por Santa Ana, llegue al centro y siga a zona norte.

Desde el Pidua y AMT han realizado estudios al respecto de estos y otros temas, pero al parecer sus resultados no son tenidos en cuenta en su integralidad sino sólo como justificación para obras aisladas, dictadas más por las modas y el marketing que por una verdadera planificación.

En conclusión, antes de cargarle directamente la responsabilidad a los automovilistas por el caos del tránsito o creer que el problema se resuelve llenando de obstáculos el centro, estas temáticas enumeradas anteriormente deberían ser discutidas y abordadas en un plan verdaderamente integral.




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