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Sáenz gobernará una provincia delicada

Las recientes elecciones en Salta arrojaron como resultado lo que muchos esperaban: un amplio triunfo de Gustavo Sáenz contra un débil Frente de Todos. 

La victoria de Gustavo Sáenz contra Sergio Leavy, en las elecciones del domingo, era de esperar. Tal como ocurriera a nivel nacional, las PASO sirvieron como primera vuelta y los ganadores se repitieron aunque con una holgada diferencia.

Esto significó un contundente e irremontable triunfo, un mes atrás, y un aplastante resultado a favor del frente Gustavo Sáenz Gobernador, el domingo 10 de noviembre, con casi 54 % a favor, ganando 20, de los 23 departamentos de toda la provincia y con 30 puntos de ventaja sobre “el oso”.

El escenario a favor del Frente ganador no estuvo dado naturalmente, sino que fue garantizado por un celoso esquema de medios aliados a Urtubey como propios del entorno de Sáenz. Todos los artificios simbólicos estuvieron a su favor, tanto festivales y sorteos, como el “aparato” municipal y provincial.

A esta estructura se debe sumar el gran aporte de Bettina Romero, quien supo convertirse en una legítima y clara interlocutora del espacio traccionando una fuerza social con fisonomía propia. Nieta de Roberto e hija de Juan Carlos, tuvo una campaña demócrata basada en el diálogo y la seriedad apuntando a las necesidades barriales para trabajar desde afuera hacia adentro, a través de la recuperación de los Centros Vecinales. Como intendenta electa, Bettina Romero aseguró en un programa de cable local que su gestión de gobierno, en relación al de Sáenz, cambiará solo de formas.

Con casi 400 mil votos, la coalición entre 13 sellos que resultó ganadora, en su interior contuvo a sectores del PJ no K, personalidades de la tv, radio e inclusive influencers que demostraron poca preparación y conocimientos. El diseño político estuvo basado en desprender él escenario nacional del provincial, haciendo hincapié en el sentido de pertenencia local utilizando el poncho como símbolo.

Además, la empatía y el discurso enérgico de Sáenz llamando a todos los salteños a cerrar la grieta local, la cual es inexistente, generó fuerte entusiasmo en un electorado harto de 12 años urtubeycista. El principal motivo de generar sentido de pertenencia, inducimos, se debe a la necesidad de ir a Nación para reclamar partidas presupuestarias y hacer alarde de la principal capacidad que le endilgan al intendente: gestión.

Gustavo Sáenz llegó con la promesa de ir a “pelear fondos” para “resolver problemas que afectan a la gente, que son la pobreza, la falta de empleo, la inseguridad y la falta de oportunidades para los jóvenes”

Su principal atributo destacado fue su “capacidad de gestión”. Justamente por esto agradeció a su amigo Rogelio Frigerio, funcionario nacional con lapicera que auxilió con fondos económicos a la intendencia de capital. A la “gestión”, la imagen de Sáenz, unió el carisma. Gustavo tocó la guitarra y se sacó fotos hasta con el último que fue a sus actos. En general, la base de su discurso fue diluir la política y la complejidad y sintetizarla en una forma de ser salteño, ocultando su interés particular, y la de las familias cercanas a él, y por supuesto, la magnitud de la crisis.

La situación económica que atraviesa nuestra provincia, como se sabe, es particularmente delicada. Basta con chequear solo los datos oficiales de pobreza y desocupación. En este marco, Sáenz, sin decir mucho a respecto de cómo solucionaría esos flagelos, logró sortear el escollo de la economía a la vez que esquivó los golpes que llegaron debido a las causas de corrupción que pesan sobre su gestión. Pese a las comprometedoras acusaciones sobre sus funcionarios, se puede concluir que no fue un tema a tener en cuenta por el electorado. Su equipo prefirió aborrecer las respuestas políticas en torno a la corrupción aludiendo a que eso sería una dilación insoportable para su preocupación urgente que, según sus dichos estaría dada por los problemas de la gente.

A la triunfante estrategia de Sáenz contribuyó el desbarranque del Frente de Todos, que retrocedió en relación a las PASO donde alcanzó el 31,9 % de los votos y en capital hundiéndose detrás de Olmedo. Ante esta realidad uno puede concluir que la gente que depositó su confianza en Alberto Fernández y Cristina Fernández en las nacionales pero en las provinciales sacó a Leavy. El discurso de que el gobernador debía pertenecer al espacio de Alberto y Cristina Fernández fue el eje que armó su campaña pero evidentemente no permitió a la gente distinguir cual sería el beneficio para Salta.

El Frente de Todos no logró consolidar un conductor y fue un rejunte inconsistente. Con un oso Leavy sobre- exigido y con muchos límites para expresar ideas, la mochila pesada de los intendentes corruptos, un nulo conocimiento en capital y pujas internas terminaron bajando la campaña mucho antes del inicio de la veda.

El aval masivo que consiguió el domingo Sáenz no es un cheque en blanco. El frente de Todos al parecer seguirá desilachandose.

 




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