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Apolobamba

Víctima de las fiebres del oro y la coca

Compartimos textualmente el artículo del periodista Rafael Ságarnaga del sitio Los Tiempos, de Bolivia, quien narra y nos cuenta sobre cómo la ambición e impunidad arrollan contra la naturaleza.

Apolobamba se muestra muy rica en recursos, parece una síntesis de la biodiversidad y geodiversidad que caracterizan a Bolivia. Es el área natural que cuenta con más pisos ecológicos entre las zonas naturales del país. De ahí su proverbial abundancia de frutas, verduras, cereales, ganado… Pero quizás sea demasiado rica y ese exceso le esté causando los graves problemas que hoy le afectan.

En sus 4.837 kilómetros cuadrados de extensión, contenidos en el oeste del departamento de La Paz, hay desde glaciares hasta trópico amazónico. Técnicamente los estudios describen que en Apolobamba existen, además de las nieves eternas, “puna, valles secos mesotérmicos, selva a perhúmeda siempre verde de montaña y selva húmeda”. La altura varía desde 6.200 a 800 metros sobre el nivel del mar, sus ríos conectan con el Titicaca o con los afluentes del Amazonas. Entre su fauna es posible hallar desde cóndores, peces y vicuñas hasta osos jukumaris y jaguares. Pero entre esas aguas y suelos también se halla el recurso que desata la discordia y la desarmonía.

En Apolobamba igualmente es posible hallar pequeñas poblaciones con características culturales milenarias como los célebres kallawayas. Además, está surcada por uno de los célebres caminos de los incas y diversos sitios arqueológicos. Así, sus características culturales y medioambientales motivaron a que reciba tres reconocimientos de la Agencia para Educación, Ciencia y Cultura de las Naciones Unidas (Unesco). Todo ello ha dado pie a singulares, aunque contados, circuitos de turismo aventura y a diversidad de estudios científicos. A Apolobamba sólo le faltaba tener oro, bueno, lo tiene y no en poca cantidad.

 

SAQUEO Y DESTRUCCIÓN

Ése es el reluciente detalle que actualmente enmugrece, contamina, intoxica, envenena y confronta a sus diversos habitantes. Buena parte del territorio apolobambés coincide con la denominada “franja geológica del oro”, que hace cuatro décadas tuvo su epicentro en el norte tropical paceño. Sin embargo, sabido era que el oro aluvional bajaba desde los reservorios acumulados en al menos tres de los distritos de Apolobamba. Así lo establecen estudios, de 1988 y 1990, del Servicio Geológico Boliviano y la Corporación Minera de Bolivia.

Sólo faltaba que, como sucedió a mediados de la década que corre, un imprecisable día se desatase la fiebre del oro. “Parece increíble que un desastre ambiental así pase ignorado tanto tiempo -dice Pablo Jimenes (nombre ficticio), quien, por razones profesionales, recorrió la zona durante décadas -. Las cooperativas auríferas están haciendo dibujo libre en Apolobamba desde hace por lo menos cinco años. No se respeta a ninguna autoridad ni ley y cada día las cosas empeoran”.

En el lugar, la destrucción de sus ecosistemas no parece obra de humanos, sino de un gigante enloquecido. Entre los nevados y la laguna Suches, por ejemplo, el paisaje ha sido desfigurado. La fiebre del oro esta vez abunda también en tecnología. Tractores, palas mecánicas, volquetas y herramientas hidráulicas han creado pozas, promontorios y acueductos donde los cooperativistas depuraron el mineral. Una vez agotada la veta a nadie le importó lo que abandonaban.

“Se retiran y dejan residuos tóxicos -describe Jimenes-. Después de Suches se fueron a Puyo Puyo. Es una locura. En cualquier lugar aparecen caminos recién construidos por los que luego ingresan a nuevas vetas. Llega gente de La Paz, hay chinos y también muchos comunarios de la zona se han metido a buscar oro y han dejado actividades como la agricultura, hilados o la ganadería”.

Paisaje Apolobamba está situada al oeste de La Paz y sus ríos se conectan con el lago Titicaca o con los afluentes del Amazonas.
CORTESÍA

LA FIEBRE

En los registros de la Autoridad Jurisdiccional Administrativa Minera (AJAM) se advierte la progresión geométrica del fenómeno. Hasta principios de este siglo en Apolobamba sólo trabajaban 15 cooperativas auríferas, compuestas, en general por grupos familiares. Hasta la actualidad se ha registrado la presencia de 362 cooperativas. De ellas 180 realizan operaciones, pero sólo 40 iniciaron trámites de legalización y apenas 20 tienen licencia ambiental, otorgada por el Ministerio de Medio Ambiente.

“En incontables casos es posible hallar delitos ambientales a primera vista -dice Jimenes-. Hay dos cooperativas (Flor de Nevado Ltda. y Cerro Hermoso) que, por ejemplo, trabajan en los glaciares (el nevado Khatant´ika), algo prohibidísimo. La gran mayoría está contaminando con mercurio aguas que son consumidas por humanos y ganado. Otras, con sus maquinarias, han desviado cursos de ríos y violentado zonas de protección ambiental estricta”.

 

ENVENENAMIENTO

La contaminación con mercurio amenaza a uno de los sectores que más alegrías ha reportado a la región. Las vicuñas y alpacas de Apolobamba, más precisamente de la zona de Ulla Ulla, alcanzaron celebridad debido a la calidad de su lana. Precisamente, en 1977, el proyecto de preservación de camélidos mereció uno de los reconocimientos de la Unesco y derivó en que la zona sea declarada Reserva de la Biósfera y luego Área Natural de Manejo Integrado. La convocatoria a la esquila de las indomables vicuñas y los censos de alpacas reunían a cientos de familias del lugar. Pero ahora aquellos encuentros festivos se han minimizado.

“No pocos de los criadores de camélidos prefieren buscar oro -dice el agrónomo Gabriel Soria, otrora responsable de proyectos en la zona-. Pero el problema es que se ve cada vez más problemas en alpacas y vicuñas. Tienen brotes de sarna, han perdido peso y se las ve débiles. Sus pastos no son los mismos, escasean y se ven más cortos. Ya sabemos las causas”.

El científico señala que el mercurio es bioacumulable en el organismo de los mamíferos. Advierte que varias muestras de exámenes realizados en los camélidos de la zona revelan la presencia de ese metal. Presumen que están bebiendo aguas intoxicadas y también que los pastos están enfermos por esa razón. Su temor mayor es que el mercurio también se esté acumulando en los organismos de los pobladores de la región. En coincidencia con Soria, en el momento de la realización de este reportaje, una institución científica internacional se aprestaba a publicar las investigaciones.

Para colmo, la fiebre del oro ha despertado otra de las bajas pasiones que llegan con las organizaciones que actúan con sentimientos de impunidad. “Así como los chinos que trabajan carreteras en el Beni cazan jaguares, igual está pasando acá -dice el agrónomo-. Están volviendo a matar vicuñas. Vienen por oro, pero como ven que se puede hacer buen negocio de frontera con otras cosas, matan vicuñas. En noviembre de 2018 le dispararon a un guardaparque, una bala le rozó la cara”.

 

“COOPERATIVAS”

A propósito de la presencia china, en Apolobamba las cooperativas, en varios casos, de cooperativas sólo tienen el nombre. En al menos tres ocasiones, se evidenció que en realidad responden a inversiones chinas. Un ejemplo: Betoya Industrial Development Company S.R.L. devenida luego en Compañía Asiática más al Norte. En un documento oficial, revelado por la periodista Amalia Pando, esta empresa acredita tener 15 concesiones auríferas entre Pelechuco y Puli, es decir, Apolobamba.

El documento que se realizó en Yunnan, China, servía para la compra-venta de acciones entre dos compañías de ese país.

Esta compañía, además, ha logrado concesiones en la colindante zona de Madidi. Es decir, accedió a dos de las áreas más destacadas en reservas de oro. “Algunas autoridades deben ser ricas luego de haber emitido ciertas autorizaciones -dice el exfuncionario-. No tienen consciencia”.

Sin embargo, casi nada se puede hacer en Pelechuco para verificar cuán legal y adecuadamente realizan sus labores las “cooperativas”. Quienes deben cumplir con esas labores fueron retirados de la zona por órdenes superiores, más específicamente del alcalde del municipio, Ángel Lucho. La autoridad edil optó por cerrar los cuatro campamentos de guardaparques que habían en el lugar. La conducta de Lucho se suma a varias otras irregularidades en medio de la creciente anomia que cunde en Apolobamba.

“Nos da pena y rabia porque él era antes guardaparque, pero luego se volvió minero -comenta un comunario de la zona-. No le importa violar la ley porque ninguna autoridad puede al mismo tiempo tener concesiones mineras. Pero a él le valió poco actuar como juez y parte. Como cooperativista pide autorización y como alcalde se la concede a sí mismo”.

En general, la conducta de no pocas personas parece hallarse envilecida en la zona a causa del oro. Basta con señalar que probablemente la totalidad del mineral que es extraído no beneficia al Estado boliviano. En diversas oportunidades, autoridades como el viceministro de Política Minera, Gualberto Hochkofler, o el propio ministro de Minería, César Navarro, reconocieron que enfrentan dificultades frente a las cooperativas. Las autoridades señalaron que las tributaciones son mínimas y que tampoco es posible lograr acuerdos para que declaren su respectiva producción. Basta citar que, en 2016, se reportó una recaudación anual de 2,3 millones de dólares a cuenta de las 1.700 cooperativas registradas en todo el país.

“Aquí hay gente que se ha comprado, al contado, retroexcavadoras de 250 mil dólares -cuenta Jimenes-. La plata la ha llevado en efectivo desde aquí a la empresa importadora en El Alto. Todo se negocia entre las ferias de acá cerca y los peruanos. Son lugares cada vez más peligrosos y cuanto más se avanza es peor”.

 

ZONA ROJA

Dos son las ferias donde se comercializa el oro que se extrae de la torturada Apolobamba: Chijipampa y Huancataya. Se ubican muy cerca de la frontera peruana, entre Suches y Ulla Ulla. Allí se realizan operaciones de compra y venta de oro. En esa zona el ambiente se enrarece, se sospecha de todo visitante desconocido y ya se han producido asaltos armados a plena luz del día. Bastará sumar que a casi tres horas del lugar, en territorio del vecino país, está La Rinconada, conocida como “la ciudad sin ley”.

“Dólares por droga, oro por dólares, quién sabe cuántas cosas se pueden facilitar por esas zonas -dice un oficial de policía que trabajó en la región hasta 2016-.Hacemos lo que se puede, pero hay demasiada desproporción. Los propios militares andan limitados, como cuando balearon al guardaparque y les pidieron ayuda. Ahora, además están empezando a plantar coca en esta zona que no era tradicional. No quiero imaginar para qué”.

Lo que no ha envilecido la fiebre de oro parece envilecerlo la polémica “hoja sagrada”. Se cuenta que hace más de un año, J. H., una de las autoridades del parque hizo una especie de campaña prometiendo que lograría ampliar la frontera de la coca para que se la pueda sembrar en la parte sur de Apolobamba. Y paulatinamente ese tipo de sembradíos empezaron a sumar en una zona considerada de “protección estricta”. Así lo que se teme es que no sólo el mercurio intoxique a la aún bella región, sino también el glifosato y hasta el ácido sulfúrico u otro tipo de químicos destinados a fines non santos.

Como es frecuente, y más en tiempos de megaincendios y campaña electoral, las autoridades del sector resultan virtualmente inubicables. De ellas sería valioso saber, por ejemplo, las razones que impulsan la creciente depauperación de los servicios de guardaparques. Sin duda, valdría la pena conocer cuánto se hace para evitar la contaminación por mercurio y cómo se controla la legalidad de las actividades mineras. El Servicio Nacional de Áreas Protegidas, el Instituto Nacional de la Reforma Agraria y el Viceministerio de Medio Ambiente y la AJAM tienen la palabra.

Paradójicamente en un lugar tan rico como Apolobamba las autoridades del Estado dan señales de marcada pobreza de recursos. ¿Serán así de debilitantes todas las fiebres del oro?

Minerales El oro que se extrae de la torturada Apolobamba se comercializa en las ferias de Chijipampa y Huancataya.

 




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