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¿El monumental de River se muda a la ESMA?

Rodolfo D’Onofrio quiere mudar el estadio de River. La propuesta de la mudanza contempla un lugar un tanto particular: el campo de deportes que está detrás de la que fuera la Escuela de Mecánica de la Armada.

El presidente del Club Atlético River Plate quiere comprar los terrenos del campo de deportes, donde se enterraban o cremaban los cuerpos de los desaparecidos.

Hay testimonios que indican que los genocidas podrían haber usado el lugar para deshacerse de los cuerpos de quienes murieron en la tortura al otro lado de la Avenida Lugones.

Cuando River le ganó la Libertadores a Boca en Madrid, D’Onofrio desbordaba alegría. Tanta que aprovechó para pedirle a Mauricio Macri que se sacara la camiseta y que le vendiera los terrenos que le interesaban para hacer el nuevo estadio.

El campo

En los ’70, cada vez que llegaba la policía, los militantes que cursaban en Arquitectura salían corriendo hacia el “pantano”. Así les decían a los terrenos que bordeaban el río y que en un extremo –casi llegando a Vicente López– tenían al campo de deportes de la Armada.

Para 1976, cuando ya se había iniciado la maquinaria de exterminio de la ESMA, arrancaron los primeros testimonios sobre los sucesos extraños en el campo de deportes. A mediados de julio de 1976, los alumnos de la Escuela que salían a patrullar podían ver hogueras en el campo donde, se presume desde entonces, se quemaban los cuerpos de los detenidos desaparecidos. Para la misma fecha un grupo de alumnos del predio de la ESMA encontró en el terraplén de ese predio una bolsa de plástico azul con el feto de un embrión.

Los guardias establecidos a los dos lados del puente que unía la ESMA con el campo de deportes sabían que había vehículos civiles autorizados a entrar al campo y dirigirse a la costa. Una patrulla de rutina detuvo en una ocasión a una ambulancia. El suboficial que la conducía informó que iba a hacer un asadito, aclarando que se refería a cremar un cuerpo. Durante el año 1976, las costas del río se rellenaron para construir una pista de atletismo, otras instalaciones deportivas y presumiblemente ocultar los restos de las hogueras.

Alejandro Hugo López hizo el servicio militar en la ESMA. Estuvo secuestrado, declaró más tarde ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) e integró el grupo de ex detenidos que acompañaron a la comisión en la primera visita. También declaró recientemente en los últimos juicios orales. En esas ocasiones explicó dos cosas. Por un lado, que vio restos de vértebras humanas al lado del río. López solía ir a jugar a la pelota, o subía a las embarcaciones de la Escuela. «Eran restos humanos –dijo–. Se decía que ahí funcionaba la parrilla, que se llevaban la parrilla para ahí». También dijo que la quema de cuerpos contaba con una batea fabricada en la herrería de la ESMA.


Reconocimiento de la Conadep en la ESMA. Se ve el ingreso al sótano, desde donde sacaban a los detenidos-desaparecidos para los «traslados».

El Departamento de Ingeniería de la Escuela incluía divisiones de Construcción, Electricidad y Automotores. Construcciones trabajaba en el control de averías y tenía una oficina de compras con un galpón grande, subdividido. En el fondo había un pañol de construcciones donde se guardaban materiales para reparaciones. De acuerdo con diversos testimonios, en ese lugar se fabricaron elementos utilizados para la práctica represiva como cachiporras, redes para granadas y una camilla aislada con burletes de goma para la tortura. También fabricaron la batea de acero de aproximadamente dos metros de largo y treinta centímetros de alto con una parrilla. En uno de los bordes, la batea tenía un tubo a través del que se introducía gasoil. El sistema al que también llamaron parrilla era utilizado para incinerar los cuerpos en el campo de deportes.

«Una vez terminada, la batea se llevaba hasta el Dorado y desde allí al campo de deportes para ubicarla sobre la margen del río —explicó López en el último juicio—. El artefacto, que era móvil, iba y volvía del campo de deportes»

—¿Usted fue a ese lugar? —le preguntó la fiscal.

—Sí, yo iba muy seguido.

 

Fuente: El cohete a la luna




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