full screen background image
Ruberto Sáenz

Corrupción | Luna de miel

por Andrés Gauffin

Quiero contar una anécdota sobre Gustavo Ruberto Sáenz, ahora que se siente tan acosado por la prensa aunque cuente con medios que lo apañan como el matutino independiente El Tribuno y fallos de censura previa que lo protegen. No es poca cosa.

Cuando 2009 trabajé para Nuevo Diario de Salta acostumbraba revisar proyectos de ley que presentaban diputados y senadores. De vez en cuando encontraba una perlita. Me pasó con uno presentado por el entonces senador por Capital. No puedo recordar ahora su contenido, pero era lo de menos.

Sospeché -defecto profesional de la docencia- que el texto no era de Sáenz ni de sus asesores. Lo guglié, y me salió palabra por palabra, tanto en los considerandos como el articulado, en el sitio oficial de alguna remota ciudad colombiana.

Capaz que se trata de una práctica habitual entre legisladores, que no tienen porqué allanarse a las exigencias de un académico, pero me indignó y escribí que el senador por capital había plagiado un proyecto. Era una chantada.

Al otro día recibí un llamado de parte suya. Quería hablar conmigo, en la confitería del hotel Salta. Fui, pero Sáenz estaba totalmente despreocupado de la metida de pata de sus asesores, que se desparramaban en otras mesas. En realidad siempre veía a Sáenz rodeado de asesores o guardaespaldas, algunos de ellos con el acuso levantándole el pómulo.

¿No querés formar parte de mi equipo?, me preguntó enseguida de pedir café. Y como yo no le daba el sí que esperaba me contó que todavía no salía de su asombro por el comportamiento de otro periodista. Hacía pocos meses Sáenz le había ofrecido pagarle su luna de miel y este cronista ¡le había dicho que no!, ¡a secas! Y sí, el entonces senador no salía de su asombro por el inesperado escollo a su política de cooptación de periodistas.

Yo salí del Hotel Salta reconfortado por el no de Martín Van Dam -que así se llama el periodista-, pero preocupado porque podía deducir que Sáenz sí había podido pagar unas cuántas lunas de miel o viajes, o lo que sea, a otros periodistas locales.

Una vez electo intendente Sáenz, corrió a reunirse con el obispo Cargnello. Por supuesto El Tribuno publicó una hermosa foto de ambos tomándose unos mates y yo me acordaba de la reunión en el Hotel Salta, del otro lado de la plaza. ¿Habrán hablado de ética?

No puedo aseverar que Sáenz siga ofreciendo lunas de miel entre periodistas locales, pero sí puedo deducir que tiene nuevos y más poderosos recursos no sólo para ganar elogios, sino sobre todo para evitar críticas a su gestión y a sus ambiciones políticas. Un ciudadano de a pie seguramente quisiera pensar que el fallo judicial que ordenó a un medio digital que evite publicar informaciones que le falten el respeto al intendente y precandidato a gobernador proviene de la Justicia independiente. Pero no puede. No puede. No puede.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

6 + 4 =