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#RíoArenales | Poner en riesgo la salud humana no es un juego, ni admite límites permitidos

Por estos días, la contaminación del río Arenales es una realidad que ningún funcionario del Estado se anima a desconocer. Por el contrario, ha dado lugar a un extraño juego que consiste en pasarse la pelota, dejarla caer y volverla a pasar, indefinidamente.

 

Por Luis Segovia- Abogado

 

Así, recibe la pelota la Secretaría de Ambiente, se la pasa rápidamente a la municipalidad, esta se la da recursos hídricos, que se la devuelve manifestando que es culpa del vertedero y de las industrias; el municipio la recibe, y la deja caer.

 

Los que no quieren ser invitados a jugar, empezaron a decir que no pertenecen a la liga, como hace la secretaria de ambiente, Irene Soler, argumentando que no tiene nada que ver con metales pesados, que la contaminación del río solo afecta la vida acuática, y que el agua aún es apta para el consumo humano y la recreación.

 

Algunos están muy afligidos, como el secretario de recursos hídricos, Alfredo Fuertes, que lamenta no haber hecho un background cuando asumió en la gestión (para demostrar que la contaminación ya existía desde antes de su gestión); quiere mostrarse sincero, culpando directamente al vertedero, y también pide clemencia por el reducido presupuesto de su oficina.

 

La municipalidad intenta safar declarando que los monitoreos del vertedero San Javier le dan bien, e invita al juego al laboratorio Induser, que aclara que ellos monitorean lo que les piden sus clientes, y no realizan trabajos para investigar si hay contaminación.

 

Un juego perverso

 

Este juego está en práctica desde hace varios años, pero las circunstancias obligan ahora, a jugarlo diariamente. Quizá el primer partido lo haya definido la Corte de Justicia, en el año 2012, cuando desestimó un amparo, que por la contaminación del río Arenales, había interpuesto Carlos Quevedo. Allí dijo que la empresa Cosaysa (Aguas del Norte), no podía recibir ningún pase de pelota, y tenían que invitar a jugar a la provincia y a los municipios.

 

Desde entonces nadie quiere jugar. Es más, algunos decían que no había pelota. Como lo hizo el secretario de control de contaminantes, Omar Zapata, que hasta hace menos de un mes, afirmaba que en el río Arenales, ellos no habían detectado contaminación.

 

También se intenta argumentar que para jugar hace falta una pelota de determinado tamaño. Esta versión la sostienen tanto Alfredo Fuertes como Irene Soler, que hablan de un permiso para contaminar, una suerte de “límite permitido”, por debajo del cual, se puede contaminar sin problemas y sin consecuencias.

 

Quizá estos funcionarios no hayan leído el reglamento del juego, en donde se indica que para que exista el delito, se debe poner en peligro la salud pública, con residuos peligrosos, independientemente de cualquier límite o valor guía.




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