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enseñanza

#SismoEducativo | El Operativo Aprender no ayuda, fragmenta

Las pruebas estandarizadas del Operativo Aprender se han encaminado a “detectar” el grupo de estudiantes sobre el cual intervenir, poniendo bajo sospecha a los alumnos, y entendiendo que son los mismos los que no se adaptan a una trayectoria o régimen de educación formal.

 

 

Por Lic. Roxana Celeste Dib

 

 

Es este operativo el que marca un cambio radical, poniendo bajo la mira no solo a los estudiantes, sino también a sus familias, y a los mismos docentes.

 

Poner énfasis en jornadas extendidas y creación de mayor cantidad de instituciones, pensando y haciendo pensar que es la expansión de éstas la que funcionará como política extensiva e intensiva socialmente, para retener a los alumnos en el sistema; es no tener presente que ese “retener” es el que nos hace ruido a los educadores.

 

Si tenemos que “cazar” estudiantes y apresarlos a un sistema, cual fuere, quiere decir que nuestra función ya no es la de educadores, sino más bien la de celadores de ese “sistema”.

 

Sabemos que las evaluaciones estandarizadas, no se ajustan a las realidades regionales de cada localidad, de hecho, en nombre de una inclusión muchas veces excluyente, los docentes se especializan a fin de poder construir junto a sus alumnos distintos caminos de aprendizajes y valoraciones.

 

Sin embargo, a fin de realizar ajustes y modificaciones, estas evaluaciones estandarizadas, vienen a la medida justa, demostrando que es inminentemente necesario un cambio radical y absolutamente inconsulto; teniendo en cuenta que tanto alumnos como docentes son sospechados de no responder a una estructura que se muestra unitaria.

 

Desde la lógica meritocrática, la inclusión se ve fragmentada, ya que es solo el esfuerzo y la adaptación, como ser predisposición al trabajo, cumplimiento, etc., lo que llevará a los sujetos de aprendizaje al éxito en una escuela del futuro.

 

Bajo estos conceptos se busca masificar la educación, con propuestas universales para problemáticas diversas; llevando de esta manera a que la escuela seleccione a los alumnos, sin preguntarse qué es lo que no se les enseña o no se logra enseñar.

 

A pesar de esta realidad visible y en nombre de una supuesta inclusión que presume beneficio, aunque no se vislumbre ni explicita ni implícitamente, se insiste en una reforma inconsulta que no se adapta a la realidad y propone promocionar a los mejores.

 

Si el Formato Escolar no responde a las necesidades actuales de la educación, lo correcto sería realizar una construcción donde participen todos los actores educativos, eso sería, una escuela democrática que promueva ciudadanía.

 

Si bien considero que es necesaria una nueva interpretación de escuela, esta no puede darse alejada de la comunidad educativa, sino fortaleciendo la presencia plena y el derecho a la educación, desde una mirada más amplia y no homogenizante, donde todos tengamos voz para construirla.




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